Sobre los Ordinariatos anglicanos de la Iglesia Católica y su aportación a la educación de la fe

En el documento fundacional de los Ordinariatos anglicanos, creados para quienes desean la plena comunión con la Iglesia católica (cf. Benedicto XVI, Const. Ap. Anglicanorum coetibus, 2009), se establece su facultad de «mantener vivas en el seno de la Iglesia católica las tradiciones espirituales, litúrgicas y pastorales de la Comunión anglicana». Esta identidad se reconoce como un «don precioso» destinado a alimentar la fe de sus miembros y como una riqueza espiritual para compartir con toda la comunidad eclesial (cf. apartado III).

Hace ahora poco más de un mes, el Dicasterio para la Doctrina de la fe invitó a los obispos responsables de esos ordinariatos a poner por escrito su experiencia sobre cómo han recibido e integrado esos elementos, a la vez culturales y religiosos, que vienen de la tradicion anglicana. Ahora se ha publicado su respuesta (cf. Characteristics of the Anglican Heritage as Lived in the Ordinariates Established Under the Apostolic Constitution “Anglicanorum Coetibus”, 24-III-2016).

Ellos han afirmado que, a pesar de las distancias y los diversos lugares donde están asentados (como Inglaterra y Escocia, Orlando, Australia y Micronesia), tienen conciencia de compartir una identidad esencial (a core share identity). «Esta identidad compartida tiene su origen en un camino común de seguimiento de Cristo que los ha llevado a la plena comunión con la Iglesia católica». Por eso entienden que, al entrar en la Iglesia católica, han traído con ellos lo que ya san Pablo VI denominó en 1970 un «patrimonio valioso de piedad y costumbres» que la Iglesia reconoce, como hemos visto, como un don precioso no solo para ellos sino también para compartir con los demás católicos.

La inculturación del Evangelio pasa por Inglaterra

Ya en junio de 2024 el cardenal Víctor Fernández, desde la catedral de Westminster (templo católico principal de Inglaterra y Gales), llamó la atención sobre el valor de estos ordinariatos en la perspectiva de la inculturación:

«La existencia del Ordinariato […] refleja una realidad profunda y hermosa sobre la naturaleza de la Iglesia y la inculturación del Evangelio, como un rico patrimonio inglés. Porque la Iglesia es una, y el Evangelio es uno, pero en el proceso de inculturación, el Evangelio se expresa en una variedad de culturas. De este modo, la Iglesia adquiere un nuevo rostro […] En este proceso, la Iglesia no solo da, sino que también se enriquece. Porque, como enseñó san Juan Pablo II, ‘cada cultura ofrece valores y formas positivas que pueden enriquecer la manera en que se predica, se comprende y se vive el Evangelio’ (Exh. ap. Ecclesia in Oceania, 2001, 16).

El Ordinariato, afirmó además el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la fe, representa una expresión concreta de esa realidad: «En el caso del Ordinariato, la fe católica se incultura entre personas que han vivido el Evangelio en el contexto de la Comunión Anglicana. Al entrar en plena comunión con la Iglesia católica, esta se ha enriquecido. Podemos decir, por tanto, que cada Ordinariato representa uno de los rostros de la Iglesia, que, en este caso, acoge ciertos elementos de la rica historia de la tradición anglicana: elementos que ahora se viven en la plenitud de la comunión católica».

Como decíamos, el más reciente capítulo de esta historia es la lista que los obispos de los ordinariatos anglicanos han elaborado, enumerando los rasgos que consideran característicos de su herencia espiritual y pastoral. Identifican en 7 párrafos esos rasgos que, como se puede ver, constituyen interesantes sugerencias para la educación de la fe en el conjunto de la Iglesia Católica (cf. Characteristics…, documento citado). Estas caracteristicas, como veremos, tienen mucho que ver con san John Henry Newman. Con su figura y con su camino hacia la Iglesia Católica.

Tradición, belleza litúrgica y dimensión social

Participación, tradición, belleza

1. Un “ethos eclesial” distintivo. Se trata de una praxis eclesial caracterizada «por la amplia participación tanto del clero como de los laicos en la vida y el gobierno de la Iglesia». Esta cultura, explican, «es intrínsecamente consultiva y colaborativa». También se caracteriza por la capacidad de acoger a aquellos que desean entrar en la comunión católica «preservando al mismo tiempo la singularidad de su historia espiritual».

Además, «se centra en un sentido vivo de la tradición que busca permanecer fiel a lo recibido, reconociendo al mismo tiempo el lugar que ocupa el desarrollo orgánico». Como se ve, se trata de principios y criterios que valen también para la educación de la fe, en cuanto que marcan un estilo de participación activa en la vida y en la misión de la Iglesia.

2. Evangelización a través de la belleza. En segundo lugar, destacan «la importancia de la belleza, no como un fin en sí misma, sino en la medida en que tiene el poder de conducirnos a Dios; por lo tanto, posee un poder evangelizador inherente». Por esta razón, «el culto divino, la música sacra y el arte sacro» se entienden a la vez como medios para llevarnos a la comunión con Dios y como instrumentos de misión.

«La belleza que transmiten tiene por objeto atraer a las personas y a las comunidades a una plena participación, en cuerpo y alma, en la obra del Salvador, que es la ‘imagen del Dios invisible’ (Col 1, 15) y el ‘resplandor de la gloria [del Padre]’ (Hb 1, 3)». En efecto, la liturgia y el arte son expresiones del “camino de la belleza” que hoy consideramos esencial en la educación de la fe. Esta educación incluye, además del aspecto intelectual, la experiencia estética y espiritual que facilita el encuentro con la Verdad y el Amor de Dios.

Liturgia y vida y dimensión social

3. Acercamiento directo a los pobres: «En los Ordinariatos –señalan sus obispos–, la belleza del culto y la santidad de vida se plasman en las realidades concretas del barrio». Esto se comprende como un reflejo de una teología profundamente encarnada, que invita a salir del culto divino para buscar a Jesús entre los pobres y los necesitados (cf. Mt 25, 40). [5] Como ejemplo práctico, evocan el hecho de que «las multitudes que se congregaron en las calles de Birmingham con motivo del funeral de san John Henry Newman estaban allí no solo por su erudición, sino también porque era el sacerdote que les atendía en sus necesidades».

Así es, porque la Encarnación lleva a promover la dignidad de cada persona y comprometerse en la dimensión social de la evangelización. Y esto debe ser impulsado en la educación, en todos los lugares y en todas las edades de las personas.

4. Cultura pastoral. Bajo este epígrafe, entienden «una cultura pastoral en la que el culto divino y la vida cotidiana están profundamente interconectados». En otras palabras, se promueve la conexión entre liturgia y vida. En este caso se trata específicamente de «un ritmo litúrgico, casi monástico, inspirado en la tradición espiritual inglesa». Consideran esencial para ello la recitación comunitaria del Oficio Divino, entendido como la oración de todo el Pueblo de Dios (cf. Sal 119, 164; Ef 5, 19). [cf. Sacrosanctum concilium, 100).

Y afirman que esto caracteriza cómo «formar y sostener las comunidades parroquiales». En efecto, y esto enriquece la educación de la fe que es educación para la fe profesada y celebrada, vivida y traducida en oración y alabanza a Dios, junto con el servicio a todos.

La iglesia doméstica y el cuidado personal de las almas

Familia y educación

5. La familia y la iglesia doméstica. Otro aspecto en el que los obispos hicieron especial hincapié es la importancia de la familia y su papel como «iglesia doméstica» (cf. Lumen gentium, 11) De hecho señalaron que al santuario de Walsingham (dedicado a la Virgen como patrona de Inglaterra) se le llama “el Nazaret británico”. Así como Nazaret, según san Pablo VI, es ‘la escuela del Evangelio’ (cf. Alocucion, 5-I-1964) donde aprendemos a observar, escuchar, meditar y comprender el misterio del Hijo de Dios en el seno de la Sagrada Familia, también el hogar cristiano es el primer lugar donde se aprende y se vive la fe.

En el centro de todo ello se encuentra «la valoración del sacramento del matrimonio y el papel de los padres como primeros educadores de sus hijos en la fe» (cf. Decl. Gravissimum educationis, 3). De ahí que en los ordinariatos se apoye a los padres en esta sagrada responsabilidad de transmitir la fe a sus hijos (cf. Dt 6, 6-7; Jl 1, 3) y se acompañe a las familias en su crecimiento conjunto en Cristo.

Además, «esta visión conduce a un enfoque orgánico de la formación que se centra en la parroquia y la familia, y que da prioridad a la formación intelectual permanente de todos los miembros del Cuerpo de Cristo». Todo ello afecta de modo directo a la educación de la fe.

Escritura, predicación y cuidado personal

6. La Escritura y la predicación: estos obispos han señalado también además que su patrimonio incluye «una sólida tradición de predicación basada en la Escritura, reconociendo que alimentar intelectualmente a las personas es parte integrante de la alimentación de sus almas (cf. Mt 4, 4)». Por aquí reaparece el tema de la belleza: «El encuentro con Cristo en el esplendor de la liturgia y en la proclamación de la Palabra no se entienden como realidades separadas, sino como dos dimensiones del mismo encuentro» (Sacrosanctum Concilium 7, 48-51 y Catecismo de la Iglesia Católica 1088 y 1346).

Y añaden que en las comunidades del Ordinariato, esto se vive «con un sólido fundamento en la Tradición (especialmente en los Padres de la Iglesia) y con una apreciación del papel de la razón en armonía con la fe y al servicio de ella». Esta relación entre la Sagrada Escritura y predicación en contexto litúrgico conecta con el tema tradicional de las “dos mesas”: la Palabra (la Biblia, especialmente los Evangelios y la oración) y la Eucaristía.

7. La dirección espiritual y el sacramento de la penitencia. Finalmente, han explicado que han heredado la valoración de la importancia de la dirección espiritual y del sacramento de la penitencia como elementos del «cuidado de las almas que da prioridad a dedicar tiempo a cada persona y a acompañarla en su encuentro con Cristo, el Buen Pastor (cf. Jn 10, 11-16; Lc 15, 4-7)».

Encarnación, educación y misión

En los párrafos conclusivos de este documento, señala el Dicasterio para la Doctrina de la fe que «si se consideran todas estas características en su conjunto, se aprecia lo fundamental que es el misterio de la Encarnación para el patrimonio conservado en los Ordinariatos. La dignidad de cada persona, el papel de la belleza, la riqueza de la expresión litúrgica, la preocupación por los pobres y la reverencia hacia la iglesia doméstica brotan todas de esta misma fuente».

Esta fuente es «el Hijo de Dios, nuestro único Salvador (cf. Hch 4, 12) y Mediador ante el Padre (cf. 1 Tim. 2, 5), quien, habiéndose encarnado entre nosotros (cf. Jn. 1, 14), habiendo sufrido por nosotros (cf. 1 Pe. 2, 21) y resucitando de entre los muertos, nos abrió el camino ‘para que también nosotros caminemos en novedad de vida’ (Rom. 6, 4)».

Por último –lo que podia intuirse al ir leyendo todo lo anterior–, en la medida en que este patrimonio constituye una forma de acoger y vivir la fe, «el clero y los fieles de los Ordinariatos reconocen que se trata de una realidad viva, que mira hacia el futuro en la transmisión de la fe a las generaciones venideras (cf. Sal 22, 30-31; 78, 4-7; 102, 18)». Así es, y un aspecto central de esta transmisión de la fe es la educación, sea en la familia, sea en la escuela (enseñanza escolar de la religión) o la catequesis y formación cristiana en las parroquias y movimientos eclesiales, etc.

Concluyen los obispos de estos ordinariatos que este patrimonio no solo les dota de los medios para acoger a comunidades y personas en plena comunión, sino que «también sigue configurando su participación distintiva en la misión de la Iglesia de cara al futuro», creciendo orgánicamente y ofreciendo «un reflejo único del rostro de la Iglesia y una contribución distintiva a la riqueza viva de su identidad como ‘una, santa, católica y apostólica’».


25 de abril, san Marcos Evangelista: vida y evangelio

Cada 25 de abril, la Iglesia Católica se viste de fiesta para celebrar a san Marcos, uno de los cuatro evangelistas que, inspirados por el Espíritu Santo, plasmaron por escrito la vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

La figura de san Marcos es básica para comprender la esencia de nuestra fe. Su Evangelio, considerado según los estudiosos el más antiguo de los cuatro, es un relato vibrante, directo y lleno de acción que nos invita a descubrir la identidad de Jesús como Hijo de Dios.

En este artículo queremos acercarnos a la vida de este santo de la primera hora; explorar las características de su texto sagrado a la luz del Magisterio de la Iglesia y de las enseñanzas de san Josemaría. Reflexionaremos sobre cómo su figura impulsa hoy la formación de sacerdotes en todo el mundo.

¿Quién fue san Marcos?

Para conocer a san Marcos, debemos sumergirnos en los primeros compases de la historia de la Iglesia, tal como nos relatan los Hechos de los Apóstoles y algunas cartas del Nuevo Testamento. Conocido también como Juan Marcos, no formó parte del grupo de los doce Apóstoles, pero su vida estuvo ligada a las dos columnas de la Iglesia: san Pedro y san Pablo.

La tradición eclesial nos sitúa en Jerusalén. La madre de Marcos, María, era una mujer acomodada de la primera comunidad cristiana, y su casa servía como lugar de reunión para los primeros fieles. Es muy probable que en esa misma casa se celebrara la Última Cena y que fuera el lugar donde los discípulos se refugiaron con miedo tras la crucifixión. Y luego se reunían allí unidos a la espera de la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés.

El compañero de viaje de Pablo y Bernabé

En los inicios de la expansión del cristianismo, san Marcos acompañó a su primo, san Bernabé, y a san Pablo en el primer viaje misionero a Chipre. Aunque Marcos decidió regresar a Jerusalén –episodio que causó cierta fricción y enfado de San Pablo–, la gracia de Dios logró el camino de la reconciliación. Y años más tarde, vemos a un Marcos maduro acompañando nuevamente a Pablo durante su cautiverio en Roma.

El "intérprete" de san Pedro

Pero el vínculo más profundo de san Marcos fue con el apóstol san Pedro. El primer Papa lo llama afectuosamente "mi hijo Marcos" en su primera carta (1 Pedro 5, 13). La tradición unánime de la Iglesia, recogida en los documentos de la Santa Sede y en los escritos de los Padres de la Iglesia como Papías de Hierápolis y san Ireneo, confirma que Marcos fue el intérprete de Pedro. Su Evangelio no es otra cosa que la puesta por escrito de la catequesis oral y la predicación de san Pedro a los cristianos de Roma.

Esta cercanía a la fuente original y primaria hace que leer a san Marcos sea, en esencia, escuchar la voz viva de san Pedro recordando los gestos, las miradas y los milagros de Jesús de Nazaret.

Cuáles son las características del Evangelio según san Marcos

El relato que nos regala san Marcos es el más breve de los cuatro Evangelios (consta de 16 capítulos), pero lo que le falta en longitud, le sobra en intensidad. Es un Evangelio escrito principalmente para los cristianos provenientes del paganismo, concretamente de Roma. Por ello, omite largas genealogías o explicaciones exhaustivas de las leyes judías, centrándose más en la acción.

Un relato vivo, directo y urgente

Una de las palabras que más se repite en el texto original griego es euthys, que significa "inmediatamente" o "enseguida". El Evangelio avanza con un ritmo trepidante. Jesucristo está en continuo movimiento: cura, predica, expulsa demonios, camina sobre las aguas y se dirige resueltamente hacia Jerusalén para consumar su sacrificio en la Cruz.

San Marcos quiere que el lector se haga una pregunta fundamental desde el primer versículo: "¿quién es este hombre?". A través de lo que los teólogos han llamado el secreto mesiánico, Jesús pide a menudo a quienes cura o a los propios demonios que no revelen su identidad. ¿Por qué? Porque Jesús no quiere ser confundido con un líder político o un mesías terrenal. Su verdadera identidad como Hijo de Dios solo se comprende plenamente a los pies de la Cruz. De hecho, es un centurión romano (un pagano) el primero en confesarlo tras su muerte: "verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15, 39).

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La humanidad de Cristo

Otro aspecto conmovedor de la obra de san Marcos es cómo detalla la humanidad de Jesús. Nos describe a un Cristo que se compadece de la multitud (Mc 6, 34), que se indigna ante la dureza de corazón (Mc 3, 5), que abraza y bendice a los niños (Mc 10, 16), y que siente pavor y angustia en el huerto de Getsemaní (Mc 14, 33). Esta aproximación tan humana y tan divina es una fuente inagotable para la oración personal.

Enseñanza de san Josemaría: vivir el Evangelio

La sensibilidad que propone la Fundación CARF, inspirada en la formación sacerdotal y en las enseñanzas de san Josemaría Escrivá (fundador del Opus Dei), conocer y vivir la Palabra de Dios resulta vital.

San Josemaría recomendaba insistentemente la lectura y la meditación diaria del Santo Evangelio. En su obra, se nos invita no solo a leer las páginas sagradas como quien lee un libro de historia antigua, sino a vivirlas. Como enseñaba frecuentemente: «Yo te aconsejo que, en tu oración, intervengas en los pasajes del Evangelio, como un personaje más (Amigos de Dios, punto 253)».

Leer el Evangelio de san Marcos bajo esta luz cambia por completo nuestra perspectiva. Nos convertimos en uno más de la multitud que se aprieta contra Jesús junto al lago de Genesaret; somos el ciego Bartimeo que grita desde el borde del camino pidiendo compasión; o aquellos apóstoles que, en medio de la tormenta en el mar, despiertan al Maestro con mucho miedo y una fe vacilante. A través de los escritos de san Josemaría vemos cómo esta familiaridad con la vida de Cristo es un apoyo para entender y vivir la santidad en medio del mundo.

San Marcos, al recoger la catequesis de Pedro, nos entregó un manual práctico para encontrarnos con Jesucristo en nuestra vida cotidiana, en nuestras ocupaciones diarias, invitándonos a ser portadores de su mensaje en nuestras propias familias y lugares de trabajo.

Celebración del 25 de abril y la tradición

El 25 de abril, la liturgia de la Iglesia Universal nos convoca a celebrar la fiesta de san Marcos. Es un día de alegría que, además de rendir homenaje al evangelista, subraya la importancia de la transmisión de la fe. Los textos litúrgicos aprobados por la Santa Sede e impulsados por la Conferencia Episcopal Española para este día hacen hincapié en la responsabilidad apostólica que todos los bautizados compartimos.

En la Liturgia de las Horas, la Iglesia ora pidiendo a Dios que, así como concedió a san Marcos la gracia de predicar el Evangelio, nosotros también podamos aprovechar sus enseñanzas para seguir fielmente las huellas de Cristo. Es una día propicio para renovar nuestro amor por las Sagradas Escrituras. Como nos recordó el papa Francisco, llevar un pequeño Evangelio en el bolsillo y leer un fragmento cada día es una práctica espiritual altamente recomendable para dejarnos transformar por la mirada de Cristo.

El león alado: símbolo de san Marcos

Al hablar de este santo debemos mencionar su representación iconográfica: el león alado. Esta imagen, profundamente arraigada en la historia del arte cristiano e inspirada en las visiones del profeta Ezequiel y en el libro del Apocalipsis, tiene un significado teológico precioso.

La tradición cristiana, especialmente a partir de san Jerónimo (siglo IV), asignó el león a san Marcos, porque su Evangelio comienza con la figura de san Juan Bautista clamando en el desierto. «Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (Mc 1, 3). Los exégetas antiguos asociaron esa voz potente y solitaria en la estepa con el rugido del león, el rey de la selva y el desierto.

En el bestiario medieval y la exégesis patrística, se creía que los cachorros de león nacían muertos y su padre los despertaba a la vida al tercer día con su rugido. Esto se convirtió en un símbolo perfecto para el Evangelio de Marcos, que subraya con fuerza la majestad y la victoria de Cristo (el León de Judá) sobre la muerte con su Resurrección gloriosa.

Las alas que acompañan al león representan la naturaleza divina y la inspiración celestial de los escritos sagrados. Indican que el mensaje del evangelista no es puramente humano, sino que vuela desde lo alto, conectando la tierra con la divinidad.

Esta iconografía adorna miles de iglesias en todo el mundo, siendo la más famosa la basílica de san Marcos en Venecia, ciudad de la que es patrono indiscutible y donde reposan sus reliquias.

Objetivo de la Fundación CARF: llevar el Evangelio al mundo entero

La obra escrita por san Marcos concluye con el gran mandato misionero de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16, 15). Este versículo no es solo un cierre brillante para su libro; es el latido continuo del corazón de la Iglesia y es, de forma muy directa, una de las razones de ser de la Fundación CARF (Centro Académico Romano Fundación).

Para que el Evangelio escrito por san Marcos siga resonando con fuerza hoy, para que siga tocando los corazones en las grandes urbes descristianizadas y en las misiones más recónditas y países más abandonados y pobres, la Iglesia necesita sacerdotes santos, bien formados, sabios pastores con "olor a oveja". Necesita hombres que, como el propio Marcos hizo con san Pedro, se sienten a los pies de la sabiduría de la Iglesia para luego llevar esa verdad de una forma accesible y apasionada por todos los rincones del planeta.

En la Fundación CARF trabajamos incansablemente para apoyar la formación sólida e integral de seminaristas, sacerdotes diocesanos, y religiosos y religiosas, procedentes de todas partes del mundo, especialmente de aquellos lugares donde la Iglesia sufre persecución o carece de recursos. Al facilitarles estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, o en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona, estamos invirtiendo directamente en la expansión de la Palabra de Dios.

Un sacerdote bien formado en teología bíblica, que comprende las profundidades literarias, históricas y espirituales del Evangelio de san Marcos, es un sacerdote capaz de sostener la fe de miles de almas. Al igual que la madre de Marcos puso su casa a disposición de los Apóstoles, los benefactores de la Fundación CARF ponen sus recursos a disposición de los futuros pastores de la Iglesia diocesana.

La vigencia de un mensaje eterno

Al celebrar el 25 de abril, no solo recordamos a un santo del pasado. Celebramos que su obra, inspirada por el Espíritu Santo, sigue viva. El león de san Marcos sigue rugiendo. Sigue despertando conciencias, sigue consolando a los enfermos, sigue ofreciendo esperanza a los desesperados.

El reto que nos deja la festividad de este evangelista es doble. Por un lado, a nivel personal, estamos llamados a redescubrir su Evangelio. Te invitamos a que hoy a que tomes tu Biblia y leas, aunque sea, el primer capítulo de San Marcos. Haz el propósito de acompañar a Jesús, de dejarte interpelar por su autoridad y su amor compasivo.

Por otro lado, a nivel comunitario y eclesial, estamos llamados a apoyar la tarea evangelizadora. Nadie evangeliza solo. Al igual que Marcos necesitó a Bernabé, a Pablo y a Pedro, los sacerdotes de hoy te necesitan a ti.

Tu apoyo es el motor del Evangelio hoy

El mejor homenaje que podemos hacer a san Marcos en su festividad es asegurarnos de que la historia de Jesús que él escribió con tanta fidelidad nunca deje de ser contada. ¿Cómo puedes hacerlo posible? Apoyando la formación de aquellos que consagran su vida a predicar esta Palabra.

Desde la Fundación CARF, te animamos a que te unas a nuestra gran familia de socios, benefactores y amigos. Cada donativo, por pequeño que sea, se transforma en horas de estudio, en libros, en manutención para un seminarista o sacerdote que mañana celebrará la Eucaristía y leerá el Evangelio en su parroquia. Navega por nuestra página web y descubre cómo tu generosidad puede tener un impacto eterno en la formación de los pastores del mañana. Y sigue nuestras redes sociales en @fundacioncarf para conocer los rostros de aquellos a quienes estás ayudando a prepararse para «ir al mundo entero y proclamar el Evangelio».

Que san Marcos interceda por la Iglesia, por el Papa, por todos los sacerdotes y religiosos, y por todos los que formamos parte del carisma que promueve la Fundación CARF, para que el rugido de la fe nunca se apague en nuestros corazones.



El mercadillo solidario de tocados ‘royals’ que impulsa la formación de sacerdotes

El reciente mercadillo solidario de la Fundación CARF demostró que la elegancia y el compromiso social son un binomio que funciona bien. El evento, que se celebró del 4 al 6 y del 11 al 13 de marzo, por las tardes de cinco a ocho y media, no solo fue un éxito de convocatoria entre los benefactores, amigos y socios de la Fundación. El mercadillo siempre está promovido por el Patronato de Acción Social, y se convirtió en un escaparate de sofisticación gracias a los exclusivos tocados y pamelas de la diseñadora María Nieto —famosa por vestir a la reina Letizia, tal y como señalaba la agencia Servimedia—, cuyas creaciones fueron el gran reclamo de la cita.

Numerosas benefactoras y amigas de la Fundación se dieron cita para adquirir desde accesorios de alta costura hasta tesoros vintage, convirtiendo cada compra en un gesto de esperanza.

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Nieves Herrero durante su visita al mercadillo.

Nieves Herrero en el mercadillo solidario

La jornada contó con una madrina de excepción: la periodista Nieves Herrero. Durante su visita, Herrero destacó la relevancia de la labor de la fundación con una frase que resume el espíritu del evento:

«Formar a los sacerdotes es un bien para todos».

Uno de los momentos más emotivos fue cuando descubrió la mochila de vasos sagrados. Este kit, con un coste de 700 euros, es el regalo de graduación más valioso para los seminaristas que regresan a sus diócesis de origen, siempre en países con escasos recursos económicos.

La mochila está diseñada para que puedan celebrar la Santa Misa y administrar los sacramentos con total dignidad, incluso en las regiones más remotas y con menos recursos del planeta.

Mochila de vasos sagrados de la Fundación CARF en la que se muestra encima de una mesa todo el contenido de la mochila
Mochila de vasos sagrados de la Fundación CARF.

La mochila, un regalo muy apreciado

Este regalo, valorado en 700 euros, es considerado uno de los más apreciados por los sacerdotes recién ordenados. Contiene todo lo necesario para poder celebrar la Santa Misa y administrar los sacramentos con dignidad, incluso en lugares donde apenas existen medios materiales.

Contenido detallado de la mochila de vasos sabrados de la Fundación CARF:

Formación de élite para un Impacto global

Esta misión se desarrolla a través de centros académicos de prestigio donde se forman quienes, en el futuro, llevarán su labor pastoral a los rincones más necesitados del mundo.

Más allá de la moda, el objetivo de este mercadillo es recaudar fondos para la formación integral (humana, intelectual y espiritual) de sacerdotes y religiosos. Los beneficiarios estudian en centros como:

Una jornada en la que la moda se convirtió en vehículo de esperanza, y donde cada compra fue también un gesto de apoyo a una causa que trasciende fronteras.

Gracias a la generosidad de los asistentes, estos futuros pastores podrán llevar su labor a los rincones más necesitados del mundo, contando con una preparación académica y espiritual de primer nivel.

Los objetos litúrgicos de la mochila de vasos sagrados

José Luis Solís, sacerdote de la diócesis mexicana de Celaya, rememora cuando «algunos párrocos me pedían que les ayudara a celebrar la eucaristía en lugares recónditos de sus parroquias». «Para acercarme a esos lugares, cuyo paisaje era bellísimo y donde se percibía un gran silencio, a veces era necesario montar a caballo o en burro o seguir caminando para llegar al sitio y poder celebrar la misa», prosigue. Una vez allí, el sacerdote abría su mochila, desplegaba su contenido y comenzaba la eucaristía, a la que acudían fieles de todos los pueblos del entorno. «Agradezco a la fundación y pido a Dios por los frutos de esta obra», concluye.

Ropa de ceremonia y complementos

Por otro lado, el mercadillo ofrecía además ropa de ceremonia y de diario, así como complementos, en un ambiente marcado por la generosidad y la cercanía. Los fondos recaudados se destinan a la labor de la Fundación CARF para la formación integral –intelectual, humana y espiritual– de sacerdotes diocesanos, seminaristas y religiosos y religiosas de todo el mundo.



Marta Santín, periodista especializada en religión.


Un legado solidario que dará futuro a la Iglesia

Pensar en el futuro de la Iglesia significa preguntarse algo tan sencillo como: ¿quién sostendrá todo esto cuando nosotros ya no estemos? Pensar así en la Iglesia es un acto de amor que puedes apuntalar con tu testamento o con un legado solidario.

Durante nuestra vida recibimos mucho más de lo que solemos recordar. Recibimos una fe transmitida en familia, sacerdotes que nos acompañaron en momentos importantes, parroquias que estuvieron abiertas cuando las necesitábamos. Nada de todo ello apareció de la nada. Detrás se encontraban personas que se preocuparon por el futuro de la Iglesia, porque siguiera viva, bien estructurada y presente en cada generación.

La generosidad de Ana y Álvaro

En el documental Testigos, Álvaro y Ana cuentan cómo conocieron la Fundación CARF a través de un familiar que decidió incluirla en su testamento. Aquella decisión les sorprendió al principio, pero les llevó a informarse y a entender qué había detrás.

Descubrieron que la Fundación CARF ayuda a financiar la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo en instituciones académicas de Roma y Pamplona (la Universidad Pontificia de la Santa Cruz y las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra).

Se trata de apoyar a jóvenes que, en muchos casos, proceden de diócesis con muy pocos recursos económicos y que necesitan de un apoyo sólido para poderse formar bien antes de regresar a servir a sus comunidades.

Ambos, Ana y Álvaro, entendieron que incluir a la Fundación CARF en un testamento o legado solidario no era un gesto simbólico, sino que era una manera real de asegurar que esa labor continúe perpetuada en el tiempo.

Convertir el esfuerzo de una vida en un futuro para otros

Como dice Álvaro en el documental: «es una oportunidad brillante para prepararte un hogar en el cielo; pensar que, con tu patrimonio y el esfuerzo de toda una vida, puedes ayudar a que se formen tantos sacerdotes».

Más allá de la expresión espiritual, la idea es muy práctica. Después de años de trabajo, de ahorro y de esfuerzo, parte de ese patrimonio puede seguir generando un impacto cuando ya no estemos. Puede convertirse en formación integral para sacerdotes que atenderán parroquias, acompañarán a familias y estarán presentes en los momentos clave de la vida de muchas personas.

Una decisión compatible con el amor a la familia

Incluir a la Fundación CARF en el testamento no significa desatender y desentenderse de los seres queridos. En el caso de la legislación española se permite destinar una parte de la herencia (la de libre disposición) a una causa solidaria, respetando siempre la parte legítima de los herederos.

Es una decisión que puede tomarse con asesoramiento y serenidad. No exige grandes patrimonios ni compromisos inasumibles. Para muchos benefactores es simplemente la continuación natural de una vida en la que ya han colaborado con la Iglesia de distintas maneras.

Muchas personas que han colaborado durante su vida con donaciones o apoyo puntual ven en el legado solidario una continuación natural de ese compromiso vital.

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Seminaristas atienden en clase de Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra

Tu legado solidario mira más allá del hoy

Cada generación tiene la oportunidad de renovar la generosidad de la anterior. A través de la Fundación CARF, tu herencia se convierte en un apoyo directo a seminaristas y sacerdotes diocesanos de todo el mundo: jóvenes que desean entregarse a Dios y servir a la Iglesia universal, pero que necesitan ayuda concreta para poder formarse.

Así como en el pasado hubo personas que aseguraron la continuidad de la misión de la Iglesia, mecenas y grandes donantes, hoy tú puedes hacer lo mismo. Convertir una parte del esfuerzo de tu vida en consolidar la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos para llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo.

Un cristiano (y un no creyente, igual) no se lleva nada al cielo, pero puede dejar mucho y bueno en la tierra. Tu legado puede convertirse en formación, en servicio y en continuidad. Puede ser la herencia más valiosa: la que sostiene a la Iglesia y permite que muchas personas sigan encontrando a Dios a través de sacerdotes bien formados que luchan por ser santos y por ayudar a los demás.

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Divina Misericordia: la llamada al amor y perdón de Dios

Cada año, el segundo domingo de Pascua, celebramos la Divina Misericordia, una festividad que resalta el amor incondicional y la compasión infinita de Dios hacia la humanidad.

Santa Faustina Kowalska: apóstol de la misericordia

Santa Faustina Kowalska, nacida como Helena Kowalska el 25 de agosto de 1905 en Głogowiec, Polonia, es conocida como la apóstol de la Divina Misericordia.

Desde muy joven sintió una llamada intenso a la vida religiosa, y tras varios obstáculos –incluyendo la pobreza de su familia– ingresó finalmente en 1925 a la Congregación de las Hermanas de nuestra señora de la Misericordia en Varsovia, donde tomó el nombre de sor María Faustina del Santísimo Sacramento.

Una vida marcada por la oración y el sacrificio

Durante su vida religiosa, Faustina desempeñó labores humildes, como cocinera, jardinera y portera. Pero detrás de esa sencillez exterior, vivía una vida profundamente mística. Su unión con Cristo era tal que, según su diario espiritual, recibió estigmas invisibles, éxtasis místicos y visiones del mismo Jesús. A menudo ofrecía sus sufrimientos físicos y espirituales por la salvación de las almas.

Jesús comenzó a comunicarse con ella de manera intensa en 1931. En una visión clave, le pidió que se pintara una imagen de Él tal como lo veía en la aparición: con dos rayos saliendo de su corazón –uno blanco, que simboliza el agua del Bautismo, y otro rojo, que representa la sangre de la Eucaristía– con la frase Jesús, en Ti confío. Esta imagen se convirtió en el símbolo central de la devoción a la Divina Misericordia.

Imagen de la plaza de san Pedro en el Vaticano durante la canonización de santa Faustina Kowalska.

El Diario: la Divina Misericordia en mi alma

A petición de su confesor, el beato Miguel Sopoćko, Faustina escribió sus experiencias espirituales en un diario que más tarde se publicaría bajo el título La Divina Misericordia en mi alma. Este texto, ahora traducido a decenas de idiomas, es considerado una joya de la espiritualidad cristiana del siglo XX.

En él, Jesús revela no solo el contenido de su amor misericordioso, sino también prácticas concretas para promover esta devoción: la fiesta de la Misericordia, la coronilla de la Divina Misericordia, la oración a las tres de la tarde (la Hora de la Misericordia), y la difusión de la imagen mencionada anteriormente.

Algunas frases que se destacan de estas revelaciones son:

«La humanidad no encontrará paz hasta que se dirija con confianza a Mi misericordia».

«Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia».

«La fuente de Mi misericordia fue abierta de par en par por la lanza en la Cruz para todas las almas. No he excluido a nadie».

Institución de la fiesta por san Juan Pablo II

El papa san Juan Pablo II, profundamente influenciado por la devoción a la Divina Misericordia, canonizó a santa Faustina el 30 de abril de 2000. Durante la ceremonia, proclamó oficialmente el segundo domingo de Pascua como el domingo de la Divina Misericordia para toda la Iglesia.

En 2002, el Papa estableció que quienes participaran en esta festividad podrían obtener indulgencias plenarias, incluso aquellos que, por razones justificadas, no pudieran asistir físicamente a las celebraciones.

La imagen de la Divina Misericordia

Una de las manifestaciones más reconocidas de esta devoción es la imagen de Jesús Misericordioso, basada en una visión de santa Faustina Kowalska. En ella, Jesús aparece con una mano levantada en señal de bendición y la otra tocando su pecho, del cual emanan dos rayos: uno rojo, simbolizando la sangre, y otro blanco, representando el agua. Esta imagen lleva la inscripción: Jesús, en Ti confío y se ha propagado por todo el planeta.

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Imagen de Jesús misericordioso. Fuente: Wikipedia

Prácticas devocionales asociadas

Los fieles son alentados a participar en diversas prácticas durante esta festividad:

a) Confesión y Comunión: prepararse espiritualmente mediante el sacramento de la reconciliación y recibir la Eucaristía.​

b) Rezo de la coronilla de la Divina Misericordia: una oración especial que se reza utilizando un rosario común, enfocada en implorar la misericordia de Dios. ​

c) Meditación a las 3 p.m.: conocida como la Hora de la Misericordia, se recuerda la hora de la muerte de Jesús en la cruz, momento propicio para la oración y reflexión.​

d) Novena a la Divina Misericordia: una serie de oraciones que comienzan el Viernes Santo y culminan en el domingo de la Divina Misericordia. ​

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Tumba de santa Faustina Kowalska en Polonia.

Impacto global y actualidad

Desde su institución, el domingo de la Divina Misericordia ha ganado una significativa relevancia en la vida de los católicos alrededor del mundo. Numerosas parroquias y comunidades religiosas organizan misas especiales, procesiones y actividades de caridad en honor a esta festividad.​

El Papa Francisco continuó promoviendo esta devoción, destacando la importancia de la misericordia en la vida cristiana y en la misión de la Iglesia. En diversas ocasiones, instó a los fieles a ser instrumentos de la misericordia de Dios en sus comunidades.

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Peregrinación al santuario de la Divina Misericordia en Polonia.

El domingo de la Divina Misericordia es una invitación a todos los creyentes a confiar plenamente en el amor y perdón de Dios.

A través de las enseñanzas de santa Faustina Kowalska y el respaldo de la Iglesia, esta festividad nos recuerda que, sin importar nuestras faltas, siempre podemos acudir a la infinita misericordia de Jesús.

Como expresó Jesús a santa Faustina:​ «cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia».


El legado solidario convierte tu herencia en formación integral para sacerdotes

Hablar de dejar parte de un testamento y hacer un legado solidario a una fundación o entidad sin ánimo de lucro nunca resulta fácil. Nos enfrenta a decisiones profundas, trascendentes, que invitan a pensar en un futuro, cuando ya no estemos. Sin embargo, cada vez más personas generosas descubren que hacer un testamento solidario es una forma concreta de seguir haciendo el bien en este mundo, cuando la vida terrena haya terminado.

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La vida generosa de una tía soltera

Eso es precisamente lo que vivieron Álvaro y Ana hace quince años. Ellos conocieron la Fundación CARF a través de una tía soltera que decidió hacer un testamento solidario a favor de la fundación. La noticia sorprendió a la familia. ¿Por qué su tía decidió incluir a la fundación en su herencia? Movidos por el interés y la curiosidad, comenzaron a informarse.

Descubrieron que la Fundación CARF ayuda a la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos, y religiosos y religiosas, de todo el mundo, especialmente de los países con menos recursos. Comprendieron entonces que aquella decisión no había sido improvisada ni simbólica: era una manera concreta y eficaz de sostener la Iglesia en el futuro, más allá de la propia vida.

Esta experiencia les marcó a ambos. Hoy lo explican con claridad en este vídeo: «un legado o un testamento solidario es una manera serena y consciente de dar continuidad a todo el esfuerzo de una vida; de transformar el patrimonio en vocaciones; de convertir una herencia en un futuro mejor para la Iglesia de países necesitados. Es una oportunidad brillante de prepararte un hogar en el Cielo».

Sus palabras resumen el sentido profundo de esta decisión: el legado solidario no resta a la familia, suma al mundo.

El mundo necesita sacerdotes bien formados

G.P.M. y M.M. son un matrimonio que conocieron la Fundación CARF hace 25 años a través de sacerdotes amigos. «Lo que más nos impacta es la labor de captación de fondos, sus dificultades y perseverancia y los milagros que Dios realiza cuando hace falta dinero para completar ayudas al estudio para tantos seminaristas, sacerdotes y religiosos», afirman.

Y es que, para ellos, el mundo necesita sacerdotes bien formados. «Por eso, hemos decidido realizar un testamento solidario a favor de la Fundación CARF porque vemos la necesidad de sacerdotes en el mundo y para que no se pierda ninguna vocación por causas económicas», matizan.

Cuenta que el trámite para hacer este tipo de donación fue «muy sencillo, podíamos haber buscado un notario por nuestra cuenta, pero a través de la Fundación CARF, todo se hizo más fácil».

Por último, animan a otras personas a realizar un testamento solidario para «colaborar con esta labor tan buena, providencial y llena de fe de algunas personas, para bien de toda la humanidad. Cualquier otro legado diferente, nos hubiera parecido vano. Y, además, rezan por los benefactores vivos y difuntos todos los días, que buena falta nos hace».

De la misma opinión es J.M., ingeniero jubilado. Conoció la Fundación CARF más de cerca en 2014 con motivo de un viaje a Tierra Santa y «me interesé por su labor al impactarme el entusiasmo de sus colaboradores», manifiesta.

Explica que su testamento es a favor de la Fundación CARF por «el impacto a nivel mundial de las personas formadas en Pamplona y en Roma. Además, tengo amigos que colaboran económicamente para ayudar a personas pobres con vocación al sacerdocio para mejorar su formación y su estudio, pues necesitan ayuda económica. Otras personas más generosas incluso donan viviendas a la fundación CARF”, señala.

J.M. anima a que más personas realicen un testamento solidario o una aportación económica a favor de la Fundación CARF ya que su contribución «ayuda a que vocaciones al sacerdocio puedan estudiar en Europa y luego regresara a sus países y devolver esa formación recibida».

Testamento solidario, figuras clave para hacer un legado a favor de la Fundación CARF

¿Qué es un legado o un testamento solidario?

Hacer un testamento solidario es un trámite sencillo, accesible y económico que permite decidir cómo se repartirán los bienes. Cualquier persona puede incluir a una entidad sin ánimo de lucro como heredera o legataria, destinando una parte concreta de su patrimonio a una causa que considere valiosa.

En el caso de la Fundación CARF, ese legado solidario mantendrá vivo el esfuerzo por lograr un mundo mejor para cristianos y no creyentes, pues el sacerdote no hace acepción de personas o de credos, cuando se trata de ayudar a otro ser humano y en cualquier parte del mundo.

Muchos de estos seminaristas y sacerdotes proceden de diócesis de África, Asia o América Latina que no cuentan con recursos suficientes para sus estudios. Pero la vida de cada cristiano sostiene y edifica a la iglesia.

Un legado solidario puede adoptar distintas formas: una cantidad concreta de dinero, un porcentaje de la herencia, un inmueble, valores bursátiles o fondos de inversión o bienes muebles. Es una decisión libre y flexible, que puede modificarse en cualquier momento mientras la persona viva.

Por otra parte, las entidades como la Fundación CARF están exentas del impuesto de sucesiones, lo que significa que el cien por cien de lo legado se destina íntegramente a la finalidad elegida.

Una herencia que se convierte en misión

Álvaro y Ana lo expresan con emoción: «pensar que puedes ayudar a que se formen sacerdotes que llevarán la fe y los sacramentos a tantos lugares… merece la pena».

Muchas personas generosas descubren que esta decisión no compite con el amor a los hijos o familiares. Al contrario, lo complementa.

Cada vocación acompañada, cada sacerdote bien formado, repercute durante décadas en decenas de miles de personas: comunidades rurales, parroquias en barrios humildes, misiones en territorios aislados… Incluir a la Fundación CARF en el testamento solidario es apostar por esa cadena silenciosa de favores y de bien. Es confiar en que el trabajo de toda una vida –ahorros, patrimonio y esfuerzo– puede seguir dando fruto en forma de sacramentos, acompañamiento espiritual, educación en la fe y esperanza para comunidades enteras.

Origen e historia del sacerdocio

No se trata de grandes fortunas

Hoy, Álvaro y Ana invitan a otros a reflexionar con serenidad. «No se trata de grandes fortunas, sino de grandes decisiones. De preguntarse: ¿qué quiero que permanezca cuando ya no esté? ¿Qué huella deseo dejar?».

Por ello, la Fundación CARF (en el enlace) ofrece información personalizada y confidencial para quienes deseen conocer con más detalle cómo funciona esta modalidad de donación y ayuda, resolver dudas jurídicas o recibir orientación práctica.

Transformar una herencia solidaria en esperanza está al alcance de cualquiera. Y como recuerdan Ana y Álvaro, «merece la pena».