Objetos litúrgicos: ¿qué son los vasos sagrados?

Los objetos litúrgicos fueron cobrando importancia desde los primeros siglos del cristianismo. Muchos de ellos se concebían como reliquias, como el Santo Grial y el Lignun Crucis. La presencia de vasos sagrados en la Edad Media se hace evidente no solo por los objetos que nos han llegado hasta la actualidad, sino por las numerosas fuentes documentales: inventarios de las iglesias en los que constaban las adquisiciones o donaciones de determinados objetos litúrgicos, entre los que se destacaban los vasos sagrados.

Actualmente, se llaman vasos sagrados a los utensilios del culto litúrgico que están en contacto directo con la Eucaristía. Por ser sagrados se emplean sólo con esa finalidad y deben estar bendecidos por el obispo o por un sacerdote.

Además, deben tener la dignidad necesaria para llevar a cabo la Santa Misa. Según detalla la Conferencia Episcopal Española, es requisito que estén hechos de metal noble o de otros materiales sólidos, irrompibles e incorruptibles que se consideren nobles en cada lugar.

La patena y el cáliz son los vasos sagrados más importantes desde el comienzo de la cristiandad. En ellos se contienen el pan y el vino que se consagrarán durante la Santa Misa. Con el correr del tiempo, y las necesidades del culto eucarístico y de los fieles, han ido apareciendo otros vasos sagrados como el copón o píxide y la custodia, además de otros accesorios.

Después de la celebración de los sacramentos, el sacerdote limpia y purifica los objetos litúrgicos que ha utilizado, ya que todos deben estar limpios y bien conservados.

¿Por qué los vasos sagrados son importantes para un sacerdote?

Disponer de todos los elementos necesarios para impartir los sacramentos y celebrar la Santa Misa es indispensable para un sacerdote.

Es por ello que el Patronato de Acción Social (PAS) de la Fundación CARF entrega cada año más de 60 estuches de vasos sagrados completos a diáconos y sacerdotes de todo el mundo que estudian en Pamplona y Roma. La actual mochila contiene todo lo necesario para celebrar dignamente la Santa Misa en cualquier lugar, sin necesidad de contar con una instalación previa.

El Estuche de Vasos Sagrados de la Fundación CARF permite a jóvenes sacerdotes sin recursos, administrar sacramentos donde más se necesiten. En estos momentos, no está solo el sacerdote delante ellos, sino también todos los benefactores que posibilitarán el ejercicio del ministerio con la dignidad material adecuada.

Manos de un sacerdote sosteniendo vasos sagrados de plata, un cáliz labrado con vino y una patena, sobre un altar con un misal abierto durante la misa.
Un sacerdote utiliza con reverencia los vasos sagrados, un cáliz de plata ornamentada y una patena, durante el rito de consagración en la celebración eucarística.

¿Qué objetos litúrgicos son vasos sagrados?

Los vasos sagrados primarios son los que, previamente consagrados, han sido destinados para contener la Sagrada Eucaristía. Como el cáliz, la patena, el copón, la custodia y el sagrario.

Al contrario que los vasos sagrados secundarios, que no tienen contacto con la Eucaristía, pero sí son destinados al culto divino, tales como las vinajeras, acetre, hisopo, incensario, campanilla, alba y el candelero, entre otros.

Objetos litúrgicos principales

Cáliz

Del latín calix que significa copa para beber. El cáliz es el vaso sagrado por excelencia. Utilizado por Jesús y los apóstoles en la Última Cena, probablemente fue una copa de kiddush (vajilla ritual judía para la celebración de la Pascua), siendo en la época un cuenco de piedra semipreciosa.

Los primeros decretos oficiales conocidos, provenientes de sínodos son del siglo XI, prohíben ya expresamente el uso del cristal, la madera, el cuerno y el cobre, por ser fácilmente oxidable. Se tolera el estaño y se recomiendan, en cambio, los metales nobles.

La forma de los antiguos cálices se asemejaba más a una taza o ánfora, frecuentemente con dos asas para facilitar el manejo. Este tipo de cáliz estuvo en uso hasta el siglo XII. Desde ese siglo casi todos los cálices, desprovistos de asas, se distinguen por la amplitud de la copa y por una mayor separación entre ésta y el pie que constituye el tronco del cáliz con el nudo, a media altura.

Patena

Proviene del griego phatne que significa plato. Se refiere a la bandejita o un platillo poco profundo, ligeramente cóncavo donde se deposita el pan consagrado en la Eucaristía. La patena entró en el uso litúrgico contemporáneamente con el cáliz y debe ser dorado en el lado cóncavo. Es importante que permita recoger fácilmente las partículas sobre el corporal.

En los relatos de la Última Cena se menciona el plato con el pan que Jesús tenía delante de sí sobre la mesa (Mt 26, 23; Mc 14,20). En cuanto al material de las patenas, siguió la misma evolución que el cáliz.

Accesorios del cáliz y la patena

Copón

La conservación de la Eucaristía después de celebrada la Misa es una costumbre que arranca de los primeros tiempos del cristianismo, para lo cual ya desde entonces se utilizaba el copón.

Antiguamente en ocasiones los fieles guardaban la Eucaristía, con exquisito cuidado, en sus propias casas. San Cipriano habla de un cofrecito o arca que se tenía en casa para tal fin (De lapsis, 26: PL 4,501). También, por supuesto, se guardaba en las iglesias. Contaban con un espacio llamado secretarium o sacrarium, en el que había una especie de armario (conditorium) donde se guardaba el cofrecito eucarístico. Estos conditorium fueron los primeros sagrarios. Solían ser de madera dura, de marfil o de metal noble; y recibían el nombre de píxides –con tapa plana, sujeta con goznes; o bien, con tapa cónica y en forma de torreta con pie–.

En la baja Edad Media se popularizó la posibilidad de recibir la comunión fuera de la Misa, requiriéndose un mayor tamaño y evolucionando hasta el actual copón: una copa grande que se usa para distribuir la comunión a los fieles y luego guardarla para conservar el cuerpo eucarístico de Cristo. Se cubre, al guardarlo en el sagrario, con un velo circular llamado conopeo, nombre que también recibe el velo que recubre el sagrario del color del tiempo litúrgico.

En los lugares en los que se lleva solemnemente la Sagrada Comunión a los enfermos, se utiliza un copón pequeño del mismo estilo. La pequeña píxide utilizada se hace del mismo material que el del copón. Tiene que ser dorada en el interior, la parte inferior debe tener una ligera elevación en el centro, y debe ser bendecida por la forma Benedictio tabernaculi (Rit. Rom., tit. VIII, XXIII). También recibe el nombre de teca o portaviático y suele ser una caja redonda de materiales nobles.

Custodia u ostensorio

La custodia es una urna enmarcada en vidrio en la que se expone públicamente el Santísimo Sacramento. Puede ser de oro, plata, latón o cobre dorado. La forma más adecuada es la del sol que emite sus rayos a todas partes. La luneta (viril o lúnula) es el recipiente que está en medio de la custodia, hecha del mismo material.

La luneta, siempre que contenga el Santísimo Sacramento, se puede colocar en el sagrario dentro de una caja portaviril. Si el sagrario tuviese suficiente espacio para albergar la custodia, entonces ésta se debe cubrir con un velo de seda blanca. También es utilizada para hacer procesiones fuera de la Iglesia en fechas especiales como la Fiesta del Corpus Christi.

Todos estos recipientes deben ser de oro, plata o de otro material, pero dorado en el interior, liso y pulido, y pueden ir coronados por una cruz.

Vinajeras

Las vinajeras son dos jarritas pequeñas donde se coloca el agua y el vino necesario para celebrar la Santa Misa. El sacerdote mezcla el vino con un poco de agua y, para ello, tiene una cucharilla de complemento. Suelen ser de vidrio para que el sacerdote pueda identificar el agua del vino, y, además, porque se limpian más fácilmente. No obstante, también se pueden encontrar vinajeras de bronce, plata o estaño.

Acetre

Es un caldero donde se coloca el agua bendita y se utiliza para las aspersiones litúrgicas. Toda el agua que recoge el acetre, se dispersa con el hisopo.

Hisopo

Utensilio con que se esparce el agua bendita, consistente en un mango que lleva en su extremo un manojo de cerdas o una bola metálica hueca y agujereada para sostener el agua. Se usa junto con el acetre.

Incensario e incienso

El incensario es un pequeño braserillo metálico suspendido en el aire y sujetado por unas cadenas que se utiliza para quemar el incienso. El incienso se utiliza para manifestar la adoración y simboliza la oración que sube hasta Dios.

Campanilla

Es un utensilio que tiene forma de copa invertida y de tamaño pequeño con un badajo en su interior, que se usa para convocar a la plegaria durante la consagración. Con la campanilla se llama la atención y, además, se expresa un sentimiento de alegría. Las hay de una sola campana o de varias campanillas.

Candelero

Es un soporte donde se coloca la vela que se utiliza en la liturgia como símbolo de Cristo, que es la Luz que guía a todos.

San Josemaría Escrivá

«Aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios.
—Todo el lujo, la majestad y la belleza me parecen poco.
—Y contra los que atacan la riqueza de vasos sagrados, ornamentos y retablos, se oye la alabanza de Jesús: opus enim bonum operata est in me —una buena obra ha hecho conmigo».

San Josemaría
Camino, punto 527.


¿Por qué te recomendamos escuchar cada día 10 minutos con Jesús?

Los 10 Minutos con Jesús (10mcJ) tienen un objetivo: llevar la vida de Cristo a los oyentes. Mostrar la belleza de la vida de Jesús, de su doctrina y virtudes, y servir de 'altavoz' para tocar el corazón de las personas y acercarlos a Dios.

Además, 10 minutos con Jesús ha decidido que los donativos que se realicen a través de su YouTube contribuirán a las ayudas al estudio que financia la Fundación CARF para sacerdotes diocesanos, seminarista y religiosos y religiosas para servir a la Iglesia en todo el mundo.

¿Cómo se realizan los donativos en YouTube? Los Super Thanks

Recientemente YouTube ha activado la posibilidad de ingresar donaciones mediante un botón que se llama Super Thanks, que permite a los creadores de contenidos obtener ingresos e interactuar con los usuarios que quieren demostrarles un mayor agradecimiento por su contenido que el sencillo Like o Me gusta, que todos conocemos.

En cada vídeo de 10 minutos con Jesús aparecerá el botón de Gracias. Al hacer clic en él se abre la opción de donar diferentes cantidades.

¿Qué es 10 minutos con Jesús?

Este contenido, llamado 10 minutos con Jesús, son audios grabados por sacerdotes con el objetivo de ayudar a rezar. El proyecto nació en 2018, por propuesta de María Feria, madre y profesora. A la vista de las vacaciones de verano, María sugirió al capellán de su colegio grabar breves charlas espirituales para compartirlas durante esas vacaciones con sus hijos y gente joven de su entorno.

Ante la insistencia de la madre, don José María García de Castro, sacerdote incardinado a la Prelatura del Opus Dei, accedió. Montó un primer audio, utilizando su propio móvil y un lenguaje sencillo y asequible. 

En esa primera ocasión, don José María, pensó en hablar de cosas cotidianas y de cómo acercar el Evangelio al día a día. En concreto, relató el contenido de una carta que le había enviado un chico que había estado colaborando con las monjas de la Madre Teresa de Calcuta en una casa de niños de Nairobi en Kenia. 

El chaval contaba en la misiva, explicó el sacerdote, entre otras cosas, uno de los momentos que más le marcaron de su estancia en África. En concreto, cuando una Hermana de la Caridad le pidió que cogiera en brazos a un bebé que no paraba de llorar y le invitó a que le diera cariño.

El joven se quedó paralizado porque el bebé estaba muy caliente por la fiebre, pero las palabras de la monja le dieron seguridad. Comenzó a arrullar al pequeño, a acariciarle, a sonreírle, a darle besos. El niño dejó entonces de gimotear y sonrió. Pocos segundos después, se durmió. Sin embargo, el universitario notó que el crío no respiraba y avisó a la Hermana de la Caridad, que confirmó el fallecimiento. 

«Ella sabía que el niño se estaba muriendo y mirándome a los ojos me dijo: ha muerto en tus brazos y tú te has adelantado unos segundos al Amor que Dios le va a dar para toda la eternidad», relató el joven en la carta que inspiró a don José María para hablar en ese primer audio de cómo puede cada persona en su día a día adelantar ese Cielo, evitando discusiones en casa, sonriendo a los seres queridos o siendo amable con los demás. 

Los hijos de María Feria conectaron con el mensaje. El sacerdote grabó un segundo audio y un tercero y luego muchos más.

10 minutos con Jesús continuó creciendo

Don José María, contactó con otros sacerdotes amigos suyos para que se unieran a este ilusionante proyecto. Es así como se creó el primer grupo de WhatsApp y personas de todas partes del mundo comenzaron a sumarse como oyentes a esta iniciativa. Para finales del verano de 2018 eran miles de personas las que recibían diariamente estos audios. Los sacerdotes decidieron continuar grabando 10 minutos hasta el día de hoy.

Actualmente el equipo de 10 minutos con Jesús está por el mundo. No se conocen entre todos ellos, los ha unido Internet y el amor a Jesucristo.

Hoy, 10 minutos con Jesús se ha convertido en un fenómeno de masas. Esto se debe a su capacidad para adaptarse a las necesidades y a los estilos de vida de las personas. Ofrece un acceso conveniente a la espiritualidad y a la reflexión en un mundo ocupado. Suma una inmensa variedad de canales para atender a una audiencia muy diversa. Y se ha convertido en una herramienta valiosa para aquellos que buscan fortalecer su vida espiritual en medio de la vida cotidiana.

«Los curas hablamos muy raro y no queremos caer en eso; aquí hablamos claro y para que se entienda»

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.
Puedes escuchar 10mcJ en diversos idiomas

Los 10 minutos con Jesús cuenta con un canal de YouTube, donde tienes la posibilidad de disfrutar del contenido. El canal cuenta con más de 147.000 suscriptores y te ofrece acceso a todo el contenido. Aquí podrás encontrar los audios traducidos al inglés, portugués, francés y alemán.

«A pesar de los pesares, el mundo cuenta con 400.000 sacerdotes que adoran al Señor y están entregados a Él sirviendo a todas las almas sin importar su credo. Y qué mejor que ayudar a la formación de sacerdotes y seminaristas diocesanos, y también religiosos y religiosas para que se forman en las universidades a las que apoya la Fundación CARF»

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.

Canales en los que puedes recibir o escuchar los 10 minutos con Jesús  

Puedes escuchar 10 minutos con Jesús en una amplia variedad de plataformas y aplicaciones. 10mcJ tiene una aplicación específica que puedes descargar en tu dispositivo Apple o Android. En ella, podrás escuchar los audios directamente. Con esta herramienta 10 minutos con Jesús, trae a tu dispositivo el contenido de los más de 700 audios, actualizados diariamente y clasificados por temas, edades, sacerdotes y con enlaces a más contenidos relacionados con la meditación del día.

La APP funciona en segundo plano, los audios se pueden escuchar con la pantalla apagada o al abrir otras aplicaciones. Además, te ofrece diferentes posibilidades como acceso gratuito al audio de cada día y sugerencias de otros audios que te pueden ayudar. También permite realizar búsquedas de meditaciones en la base de datos. Y facilita el acceso a las citas de las Sagradas Escrituras que acompañan cada meditación o a algún otro texto relevante. 

Por otro lado, cuenta con un apartado para tomar tus propias notas a modo de diario espiritual. Y posibilita descargar audios en el dispositivo para escucharlos sin conexión.

Existen también otros canales disponibles para no perderse los 10 minutos con Jesús. La elección de la plataforma dependerá de tus preferencias personales y del dispositivo que utilices.

«Actualmente el equipo de 10mcJ está disperso por el mundo. Ni siquiera nos conocemos todos entre nosotros. Nos ha unido Internet y el amor a Jesucristo. Sacerdotes y laicos de EE. UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas formamos el equipo que hace posible que decenas de miles de personas de todo el planeta pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de audios de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, podcast de Apple, Google Podcast en cinco idiomas» 

Javier Sánchez-Cervera, párroco de San Sebastián de los Reyes.

Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.

Es importante destacar que los promotores de esta iniciativa ofrecen también contacto directo con los sacerdotes. Es decir, cualquier persona que quiera contactar con uno de los sacerdotes del equipo de 10 Minutos con Jesús, puede hacerlo rellenando un formulario en la web. 


4 cuestiones sobre el origen del sacerdocio cristiano

Antes de profundizar, conviene entender la idea central: el sacerdocio cristiano no surge como una estructura creada por la Iglesia, sino como participación real en el sacerdocio único de Cristo. Todo lo que sigue en esta entrada explica cómo esa realidad se fue expresando y consolidando desde los Apóstoles hasta los primeros ministerios.

El sacerdocio cristiano no nace de una institución humana, sino del único Sacerdote: Cristo, cuya misión continúa viva en la Iglesia primitiva y en sus ministros.

¿Cómo se explica que Jesús nunca se refiriera a sí mismo como sacerdote?

El sacerdote es, ante todo, un mediador entre Dios y los hombres. Alguien que hace presente a Dios entre las personas, y a la vez, alguien que presenta ante Dios las necesidades de todos e intercede por ellos. Jesús, que es Dios y hombre verdadero, es el más auténtico sacerdote.

Sin embargo, conociendo los derroteros que había tomado el sacerdocio israelita en su época, limitado a la realización de unas ceremonias en las que se sacrificaban unos animales en el Templo, pero con el corazón más atento de ordinario a las intrigas políticas y al afán de poder personal, no sorprende que Jesús nunca se presentara como sacerdote.

El suyo no era un sacerdocio como el que se veía en los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Además, a sus contemporáneos parecía evidente que no lo era, ya que según la Ley el sacerdocio estaba reservado a los miembros de la tribu de Leví y Jesús era de la tribu de Judá.

Su figura era mucho más próxima a la de los antiguos profetas, que predicaban la fidelidad a Dios (y en algunos casos como Elías y Eliseo realizaron milagros), o sobre todo, de la figura de los maestros itinerantes que iban por ciudades y aldeas rodeados con un grupo de discípulos a los que enseñaban y a cuyas sesiones de instrucción permitían acercarse a la gente. De hecho, los Evangelios reflejan que cuando la gente hablaba a Jesús se dirigían a él llamándolo “Rabbí” o “Maestro”.

Cuatro cuestiones sobre el sacerdocio cristiano
Ordenación de los primeros sacerdotes del Opus Dei: José María Hernández Garnica, Álvaro del Portillo y José Luis Múzquiz.

Pero Jesús, ¿Realizó tareas propiamente sacerdotales?

Desde luego. Es propio del sacerdote acercar Dios a la gente, y a la vez ofrecer sacrificios a favor de los hombres. La cercanía de Jesús a la humanidad necesitada de salvación y su intercesión para que pudiésemos alcanzar la misericordia de Dios culmina en el sacrificio de la Cruz.

Precisamente ahí surge un nuevo choque con la práctica del sacerdocio propia de aquel momento. La crucifixión no podía ser considerada por aquellos hombres como una ofrenda sacerdotal, sino todo lo contrario. Lo esencial del sacrificio no eran los sufrimientos de la víctima, ni su propia muerte, sino la realización de un rito en las condiciones establecidas, en el Templo de Jerusalén.

La muerte de Jesús se presentaba ante sus ojos de un modo muy distinto: como la ejecución de un condenado a muerte, realizada fuera de los muros de Jerusalén, y que en vez de atraer la benevolencia divina se consideraba –sacando de contexto un texto del Deuteronomio (Dt 21,23)- que era objeto de maldición.

¿Se empezó a hablar de sacerdotes ya desde los comienzos de la Iglesia?

En los momentos que siguieron a la Resurrección y Ascensión de Jesús a los cielos, tras la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a predicar, y con el paso del tiempo fueron asociando colaboradores a su tarea. Pero si el mismo Jesucristo no se había designado nunca como sacerdote, era lógico que tal denominación ni se les ocurriera utilizarla a sus discípulos para hablar de sí mismos en esos primeros momentos.

De hecho, las tareas que realizaban tenían poco que ver con las que los sacerdotes judíos desempeñaban en el Templo. Por eso utilizaron otros nombres que designaran más descriptivamente sus funciones en las primeras comunidades cristianas: apóstolos que significa “enviado”, epíscopos que significa “inspector”, presbýteros “anciano” o diákonos “servidor, ayudante”, entre otros.

No obstante, al reflexionar y explicar las tareas de esos “ministros” que son los Apóstoles o que ellos mismos fueron instituyendo, se percibe que se trata de funciones realmente sacerdotales, aunque tienen un sentido diverso de lo que había sido característico del sacerdocio israelita.

¿Cuál es ese sentido nuevo del sacerdocio cristiano?

Ese “sentido nuevo” se puede apreciar ya, por ejemplo, cuando san Pablo habla de sus propias tareas al servicio de la Iglesia. En sus cartas, para describir su ministerio emplea un vocabulario que es claramente sacerdotal, pero que no se refiere a un sacerdocio con personalidad propia, sino a una participación del Sumo Sacerdocio de Cristo Jesús.

En este sentido, San Pablo no pretende asemejarse a los sacerdotes de la Antigua Alianza, pues su tarea no consiste en quemar sobre el fuego del altar el cadáver de un animal para sustraerlo —“santificándolo” en su sentido ritual— de este mundo, sino en “santificar” —en otro sentido, ayudándoles a alcanzar la “perfección” al introducirlos en el ámbito de Dios— a unos hombres vivos con el fuego del Espíritu Santo, prendido en sus corazones mediante la predicación del Evangelio.

Del mismo modo, cuando escribe a los Corintios, San Pablo hace notar que ha perdonado los pecados no en su nombre, sino in persona Christi (cf. 2 Co 2,10). No se trata de una simple representación ni de una actuación “en lugar de” Jesús, pues el mismo Cristo es quien actúa con sus ministros y mediante ellos.

Se puede afirmar, por tanto, que en la primitiva Iglesia hay ministros cuyo ministerio tiene un carácter verdaderamente sacerdotal, que desempeñan diversas tareas al servicio de las comunidades cristianas, pero con un elemento común decisivo: ninguno de ellos son "sacerdotes" a título propio -ni por tanto gozan de autonomía para desempeñar un "sacerdocio" a su aire, con su sello personal-, sino que participan del sacerdocio de Cristo.


Don Francisco Varo Pineda
Director de Investigación de la Universidad de Navarra. Profesor de Sagrada Escritura Facultad de Teología.


Fiesta del Bautismo del Señor

La Fiesta del Bautismo del Señor es una celebración cristiana que conmemora un momento central en la vida de Jesús: su bautismo en el río Jordán por Juan el Bautista, que marca el inicio de su misión pública. Esta solemnidad se celebra en la Iglesia católica el domingo siguiente a la Epifanía, y en 2026 cae el domingo 11 de enero.

¿Qué se celebra en la Fiesta del Bautismo del Señor?

La festividad recuerda el acontecimiento narrado en los evangelios sinópticos (Mateo 3, Marcos 1 y Lucas 3): Jesús llega al río Jordán y recibe el bautismo de manos de san Juan Bautista. Al salir del agua, los cielos se abren y el Espíritu Santo desciende sobre Él en forma de paloma, mientras una voz del cielo confirma: “Este es mi Hijo amado”.

Este episodio es interpretado como:

Así, no se trata solo de un recuerdo histórico, sino de una revelación teológica profunda sobre quién es Jesús y cómo se relaciona con la humanidad y con Dios Padre.

Ubicación en el calendario litúrgico

La Fiesta del Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad y da paso al Tiempo Ordinario en la liturgia católica.

Breve contexto:

Después de esta solemnidad, la Iglesia entra en el Tiempo Ordinario, una etapa más estable del año litúrgico que se prolonga hasta la Cuaresma.

Infografía acerca de la Fiesta del Bautismo del Señor
Celebración del Bautismo del Señor: Jesús es bautizado por Juan en el Jordán, manifestación de la Trinidad y comienzo de su misión salvadora.

Significado teológico

Jesús se identifica con la humanidad

Aunque Jesús no tenía pecado, se sometió al bautismo de Juan para identificarse con nosotros, hombres y mujeres que necesitan redención. Su gesto no fue una señal de necesidad personal, sino de solidaridad con la condición humana y de obediencia a la voluntad del Padre.

El bautismo es salvación

El bautismo que Jesús recibe se convierte en símbolo y fundamento del sacramento del Bautismo en la Iglesia. A partir de él, el bautismo cristiano será visto como:

Revelación de la Santísima Trinidad

El relato evangélico de este día muestra la presencia simultánea del Hijo (Jesús), del Padre (voz desde el cielo) y del Espíritu Santo (paloma). Este evento es una de las escenas más claras de la Teofanía trinitaria en los evangelios.

Lecturas y símbolos litúrgicos

Liturgia del día

En la celebración eucarística de este domingo, las lecturas suelen incluir textos que:

Estos textos invitan a los fieles a hacer memoria de su propio bautismo, a renovar las promesas bautismales y a vivir una fe activa en el mundo.

Símbolos

Reflexión para los fieles

La Fiesta del Bautismo del Señor no es solo una conmemoración ritual, sino una oportunidad para reflexionar sobre la identidad cristiana. La Iglesia, en diversas reflexiones y homilías, invita a ver en este día:

Como explicó el Papa en celebraciones anteriores, esta fiesta hace pensar “en nuestra propia entrada en la vida cristiana y en la gracia que hemos recibido en el bautismo”.

Relación con Juan el Bautista

Juan el Bautista tiene un papel central en esta fiesta. Su misión fue preparar el camino al Mesías, llamando al pueblo a la conversión y a una vida nueva en el Espíritu. Al bautizar a Jesús, Juan cumple la misión que le fue encomendada y reconoce a Jesús como el Cordero de Dios.

Conexión con otras fiestas

La Fiesta del Bautismo del Señor está estrechamente vinculada con:

Esta conexión articula el misterio de Cristo desde su nacimiento hasta el inicio de su misión pública.

La Fiesta del Bautismo del Señor del domingo 11 de enero de 2026 es una celebración litúrgica y teológica de gran importancia:

En este día, la Iglesia no solo recuerda un hecho del pasado, sino que propone una experiencia espiritual actual: volver a las fuentes de nuestra fe, renovar nuestro compromiso bautismal y avanzar en la misión cristiana diaria.

Algunas historias de bautismos


Los Reyes Magos, el 6 de enero. Fiesta de la Epifanía del Señor

La Iglesia celebra cada 6 de enero la Epifanía del Señor, una de las solemnidades más antiguas del calendario litúrgico. Esta fiesta conmemora la manifestación de Jesucristo como Salvador y rey universal, representado de manera emblemática en la adoración de los Reyes Magos de Oriente.

Se trata de algo más que un recuerdo piadoso, es una afirmación central de la fe cristiana: Cristo ha venido y se manifiesta para salvar a todos, sin distinción de pueblos, culturas o razas.

La palabra epifanía procede del griego epipháneia, que significa manifestación o aparición. En la tradición cristiana, esta solemnidad subraya que el Niño Jesús, nacido en Belén, pertenece al pueblo de Israel y es reconocido también por los gentiles, simbolizados en los Reyes Magos. La liturgia de este día pone así el acento en la universalidad de la salvación.

Los Reyes Magos, una fiesta con dimensión misionera

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Epifanía ha tenido un marcado carácter misionero. Los Magos –sabios venidos de Oriente, guiados por una estrella– representan a la humanidad que busca la verdad y que, aun sin conocer la ley ni los profetas, es capaz de reconocer a Dios cuando se manifiesta. Su peregrinación hacia Belén muestra el camino de la fe, hecho de búsqueda, preguntas y adoración.

Los dones que ofrecen al Niño Jesús –oro, incienso y mirra– tienen un profundo significado teológico. El oro reconoce su realeza; el incienso, su divinidad; y la mirra anticipa su Pasión y Muerte. En un gesto sencillo, pero cargado de simbolismo, los Reyes Magos confiesan quién es realmente ese Niño acostado en un pesebre.

La Epifanía recuerda también que la fe cristiana debe vivirse de forma abierta y nunca con un enfoque autorreferencial. Quien ha encontrado a Cristo está llamado, como los Magos de Oriente, a volver por otro camino, es decir, a vivir transformado u transformando a otros para dar testimonio con una vida coherente y entregada a la adoración del Niño Jesús.

Reyes Magos: el Evangelio de la Epifanía

Evangelio según san Mateo (Mt 2, 1-12)

«Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

— ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:

— «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel”.

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

— «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino».

Reyes Magos Epifanía del Señor 6 enero

Luz en medio de la oscuridad

El relato evangélico contrapone dos actitudes ante la llegada de Cristo. Por un lado, la de Herodes, que ve amenazado su poder y responde con miedo y violencia. Por otro, la de los Magos, que se dejan guiar por la luz y acogen la verdad con alegría. Esta tensión sigue siendo actual: la Epifanía interpela a cada persona sobre cómo reacciona ante la presencia de Dios en su vida.

La estrella que guía a los Magos ocupa un lugar central en la iconografía y la espiritualidad de esta fiesta. No se trata solo de un fenómeno astronómico, sino de un signo de la luz de Dios que orienta al que busca con corazón sincero. La liturgia presenta a Cristo como “luz de las naciones”, cumplimiento de las promesas hechas a Israel y esperanza para toda la humanidad.

Una celebración viva en la Iglesia

En muchos países, especialmente en España, la Epifanía tiene además una fuerte dimensión cultural y familiar, asociada a la tradición de los Reyes Magos. Sin embargo, la liturgia recuerda que el sentido profundo de la fiesta va más allá del folclore: celebrar la Epifanía es renovar la certeza de que Dios se ha hecho cercano y accesible a todos.

La solemnidad invita también a redescubrir la vocación misionera de la Iglesia. Así como los Magos llevaron consigo el anuncio de lo que habían visto, los cristianos están llamados a ser testigos de Cristo en medio del mundo, con palabras y obras coherentes.

En la Epifanía del Señor, la Iglesia proclama que Dios se deja encontrar, que sale al encuentro de la humanidad y se revela en la humildad. Un mensaje especialmente relevante en un tiempo marcado por la incertidumbre y la búsqueda de sentido.


Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

El 1 de enero, la Iglesia católica celebra la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. No es un cierre piadoso del tiempo de Navidad ni un añadido devocional al calendario litúrgico. Es una afirmación doctrinal de primer orden: en María se juega la verdad de quién es Jesucristo. Para un católico del año 2026, esta fiesta sigue siendo una referencia decisiva para comprender la fe, la dignidad de la persona y el sentido cristiano del tiempo.

El origen de la solemnidad de Santa María

La celebración de María como Madre de Dios hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo. No nace de una devoción popular desbordada, sino de una controversia teológica central: quién es realmente Jesús de Nazaret. En el siglo V, la discusión en torno a Nestorio –que rechazaba llamar a María Theotokos (Madre de Dios) y prefería el título Christotokos (Madre de Cristo)– obligó a la Iglesia a precisar su fe.

El Concilio de Éfeso (431) declaró que María es verdaderamente Madre de Dios porque el Hijo que nace de ella es una sola Persona, divina, que asume plenamente la naturaleza humana. No se trata de decir que María preceda a Dios o sea origen de la divinidad, sino de afirmar que el sujeto del nacimiento es Dios hecho hombre. Separar la maternidad de María de la divinidad de Cristo implica fragmentar el misterio de la Encarnación.

Desde entonces, la maternidad divina se convirtió en una piedra angular de la fe cristiana. La liturgia romana fijó esta celebración el 1 de enero, ocho días después de la Navidad, siguiendo la antigua tradición bíblica de la octava, para subrayar que el Niño nacido en Belén es el mismo Señor confesado por la Iglesia.

El significado teológico: María garantiza la verdad de la Encarnación

Celebrar a María como Madre de Dios es, ante todo, una confesión cristológica. La Iglesia no centra la mirada en María para aislarla, sino para proteger el núcleo de la fe: Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. María no es un añadido, sino el lugar concreto donde Dios entra en la historia.

La maternidad de María implica que Dios ha asumido una genealogía, un cuerpo, un tiempo. No se encarna de forma simbólica ni aparente. En ella, Dios acepta depender, crecer, ser cuidado. Por eso, esta solemnidad tiene consecuencias profundas para la antropología cristiana: la carne, la historia y la maternidad no son realidades secundarias, sino espacios donde Dios actúa.

Desde esta perspectiva, María no es una figura idealizada o distante. Es una mujer real, situada en un contexto histórico concreto, que responde libremente a la iniciativa de Dios. Su fe no elimina la oscuridad ni la incertidumbre, pero las atraviesa. El Evangelio del día la presenta “guardando todas estas cosas y meditándolas en su corazón”: una fe pensada, no ingenua; silenciosa, pero firme.

Una fiesta para iniciar el año: tiempo de paz cristiana

Que esta solemnidad se celebre el primer día del año no es casual. La Iglesia propone comenzar el tiempo civil desde una clave teológica: el tiempo tiene sentido porque Dios ha entrado en él. Para el católico de 2026, inmerso en una cultura acelerada, fragmentada y marcada por la incertidumbre, esta afirmación resulta especialmente actual.

Además, desde 1968, el 1 de enero está vinculado a la Jornada Mundial de la Paz. No como un eslogan, sino como una consecuencia lógica: si Dios ha asumido la condición humana, toda vida humana tiene una dignidad inviolable. María, como Madre de Dios, se convierte también en referencia para una visión cristiana de la paz, entendida no solo como ausencia de guerra, sino como orden justo, reconciliación y cuidado del más vulnerable.

En un contexto global marcado por conflictos armados, tensiones culturales y crisis de sentido, esta solemnidad recuerda que la paz no se construye únicamente con estructuras, sino con una mirada correcta sobre el ser humano. La maternidad de María afirma que nadie es descartable y que la historia no está cerrada al sentido.

María, Madre de Dios y madre de los cristianos hoy

Para el creyente contemporáneo, la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios no es una celebración arqueológica. Interpela directamente a la vida cristiana. María aparece como modelo de fe adulta, capaz de integrar razón, libertad y obediencia. Su maternidad no es pasiva: implica responsabilidad, riesgo y perseverancia.

San Josemaría Escrivá insistía en que acudir a María no es una evasión sentimental, sino una escuela de vida cristiana concreta. En ella se aprende a acoger la voluntad de Dios en lo ordinario, a vivir la fe sin estridencias y a sostener la esperanza cuando no todo se comprende.

En este punto, el trabajo de instituciones como la Fundación CARF adquiere una especial relevancia. Formar sacerdotes y seminaristas para una Iglesia fiel a la verdad de la Encarnación implica transmitir una teología sólida, enraizada en la tradición y capaz de dialogar con el mundo actual. La maternidad divina de María no es un tema marginal, sino una clave para una formación integral: doctrinal, espiritual y pastoral.

Un comienzo que orienta todo el año

La Solemnidad de Santa María, Madre de Dios sitúa al cristiano, al inicio del año, ante una verdad decisiva: Dios no es una idea ni una fuerza abstracta, sino alguien que ha querido tener madre. Desde ahí se ordena todo lo demás: la fe, la moral, la vida social y la esperanza.

Celebrarla en 2026 significa reafirmar que la fe cristiana sigue teniendo algo concreto que decir sobre la realidad, el tiempo y la persona. María no eclipsa a Cristo; lo muestra en su verdad más radical. Y por eso, comenzar el año bajo su advocación no es un gesto piadoso más, sino una toma de posición: confiar en que la historia, incluso con sus sombras, sigue abierta a Dios.