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João Victor, de médico a seminarista: cómo un sacerdote puede aplicar la medicina en las almas 

14/07/2026

Había terminado la dura carrera de medicina cuando en 2020, durante el Covid, João Victor Corrêa Maiolino, comenzó a dedicar más tiempo a la oración. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, relata este seminarista de 31 años de la Archidiócesis de Río de Janeiro, (Brasil). Lleva […]

Había terminado la dura carrera de medicina cuando en 2020, durante el Covid, João Victor Corrêa Maiolino, comenzó a dedicar más tiempo a la oración. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, relata este seminarista de 31 años de la Archidiócesis de Río de Janeiro, (Brasil). Lleva un año viviendo en España en el Seminario Internacional Bidasoa. En su testimonio, João Victor nos da las claves para aplicar la medicina en el acompañamiento y curación espiritual de las almas. 

Una familia sencilla 

João Victor Corrêa Maiolino es natural de la ciudad de Campos dos Goytacazes, en el estado de Río de Janeiro. Proviene de una familia muy sencilla. Su padre (Francisco Vicente), médico de profesión, pasaba un poco más de tiempo fuera de casa, pero se hacía presente de su modo discreto y observador. Su madre (Rosane), es profesora y aplicaba sus conocimientos de pedagogía en la formación de él y sus dos hermanos mayores: Thiago y su hermana Lívia. “Soy el más pequeño, aunque en estatura no lo sea”, comenta sonriente. 

“Mi familia no tiene una fuerte tradición católica. Todos hemos sido bautizados, pero solo mi hermano y yo vivimos la fe de manera concreta. Mi padre vive la fe de un modo más discreto y normalmente participa en la Santa Misa con ocasión de una Misa de difuntos, una boda o alguna otra celebración familiar. Mi mamá y mi hermana practican otra religión, el espiritismo kardecista”, explica. 

Sin embargo, aunque sus padres no vivan la fe católica, eligieron un colegio católico de los Salesianos para su educación. Y en la convivencia familiar, con momentos de alegría y diversión, su madre siempre les obligaba a reconciliarse en las discusiones entre hermanos. 

La importancia del deporte en su formación personal 

La adolescencia es una etapa de cambios y rebeldías, pero João Victor la vivió tranquila. Sus preocupaciones estaban mucho más relacionadas con el deporte que con cualquier otra cosa. “Lo que me apasionaba era jugar al baloncesto. No me gustaba estudiar, aprobaba y ya está. Sin embargo, practiqué baloncesto a un alto nivel hasta el punto de mudarme a Río de Janeiro, con 16 años, para jugar en el club Fluminense”, relata. 

Esta experiencia deportiva le ayudó muchísimo en su formación personal, pues le permitió desarrollar habilidades muy importantes, como el trabajo en equipo, la disciplina y la capacidad de prepararse para grandes desafíos bajo presión. Sin embargo, no continuó con su carrera deportiva porque sufrió varias lesiones y, a los 17 años, tuvo que elegir entre baloncesto y estudiar en la universidad. Y optó por los estudios.

Los duros seis años de medicina  

“Elegí Medicina. Como es una carrera muy competitiva en Brasil, tuve que estudiar muchísimo para conseguir una plaza, teniendo en cuenta que hasta entonces nunca había estudiado tanto. Al final necesité dos años de curso preparatorio para lograrlo y, con 19 años, ingresé en la facultad”, recuerda el joven brasileño. 

Tras seis años de carrera, comenzó a ejercer como médico residente. Tenía una novia y su vida iba muy bien. 

La vocación vino con la pandemia 

Sin embargo, durante la pandemia, en 2020, comenzó a dedicar más tiempo a la oración y, conforme fue siendo posible, también a la vida sacramental. 

Recuerda los momentos íntimos con Dios de aquella época: “Poco a poco fui creciendo muchísimo en mi intimidad con Dios y cada vez me acercaba más a Él. Hasta que, en un determinado momento, surgió una pregunta nueva en mi corazón: ¿Por qué no ser cura? Mi primera reacción fue rechazar esa idea de inmediato. Pero no funcionó. La pregunta volvía una y otra vez, hasta que decidí afrontarla de frente. Lo compartí con mi párroco y, en el proceso de discernimiento, terminé mi noviazgo y opté por tomar en serio esta llamada”. 

Durante dos años, mientras realizaba la residencia en Medicina de Familia y Comunidad, discernió su vocación. Como la residencia era en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), vivía en Río y allí participó en los encuentros vocacionales de la Archidiócesis. Poco a poco las puertas se iban abriendo, aunque no sin esfuerzo y valentía. “Cuando terminé la residencia, al día siguiente ya estaba con mis hermanos en el Seminario”, sentencia. 

El primer seminarista de Río en Bidasoa 

Así, en 2024 comenzó su formación como seminarista en el Seminario Propedéutico de la Arquidiócesis de Río de Janeiro y, a principios de 2025, tuvo la oportunidad de venir a estudiar al Seminario Bidasoa para continuar su formación. Lleva cerca de un año en España, “donde me encuentro muy a gusto”, señala. 

Cuando recibió la invitación para estudiar en Pamplona sintió una mezcla de sentimientos: sorpresa, alegría, miedo, incertidumbre, gratitud y muchos otros. “Fue algo muy inusual, porque fui el primer seminarista de la Archidiócesis de Río de Janeiro en venir a Bidasoa para cursar el primer año de Filosofía. Hasta entonces, todos los demás habían venido únicamente para comenzar los estudios de Teología. Para mí, esta oportunidad ha sido una gran gracia de Dios”. 

Un movimiento de acercamiento a la fe entre los jóvenes 

En cuanto a la Iglesia en Brasil afirma que la realidad es muy diversa en un país tan grande. Y algo nuevo está cambiando: “Tengo la impresión de que, en este momento, está surgiendo un movimiento de acercamiento a la fe, especialmente entre los jóvenes, impulsado en parte por las iniciativas de apostolado digital”. 

Este joven brasileño relata que muchos jóvenes están descubriendo un cierto vacío en el mundo actual. Ven cómo las redes sociales, especialmente plataformas como TikTok, ocupan cada vez más tiempo en la vida de las personas, pero muchas veces sin ayudarles a encontrar un sentido más profundo para sus vidas. Cuando descubren que la Iglesia tiene una historia sólida de dos mil años, que sigue estando presente de manera concreta en la vida de tantas personas, sienten el deseo de conocerla mejor y muchos acaban acercándose a la fe.

Vida pastoral, vocaciones y sacerdotes 

La archidiócesis de Río de Janeiro cuenta con una vida pastoral muy intensa y dependiendo de la región, se pueden encontrar carismas diferentes. Fruto de esta realidad, hay un número elevado de vocaciones, tanto para la vida diocesana como para la vida religiosa masculina y femenina. 

En el Seminario Mayor hay 162 seminaristas y en el Seminario Propedéutico, 41. “Sin duda, este número elevado es también fruto de la excelente labor del Cardenal Don Orani, de la oración del pueblo de Dios y del despertar de la fe entre los jóvenes que mencioné anteriormente”, afirma. 

Señala también que en la Archidiócesis de Río de Janeiro hay bastantes sacerdotes, pero, por tratarse de una ciudad tan grande, “creo que, si hubiera más, sería todavía mejor”, sobre todo por la necesidad que tienen las periferias de presbíteros. “Además, hay curas que viven solos y, en algunos casos, un tanto aislados, sin tanta proximidad con otros hermanos sacerdotes para vivir mejor la fraternidad”, se lamenta. 

Dentro de la vida pastoral, social y caritativa que desarrolla la Iglesia en su diócesis pone como ejemplo su parroquia de origen, Santos Anjos. Nació de un proyecto promovido por Don Hélder Câmara, llamado Cruzada São Sebastião, que incluía la construcción de una iglesia, diez bloques de viviendas para familias que vivían en las favelas, un colegio y un centro parroquial dedicado a la formación técnica y profesional. La idea era ofrecer oportunidades a las personas más necesitadas en un barrio de alto poder adquisitivo como el barrio Leblon.

Los desafíos de la Iglesia en Brasil 

João Victor recuerda que Brasil es una nación de profunda tradición católica, pero durante muchos años la fe ha estado relacionada y vivida sobre todo como expresión cultural, sin llegar a una vivencia más profunda y sin conocer los aspectos más básicos de la fe.

“Esto ha propiciado el crecimiento de comunidades protestantes en las últimas décadas, que por otra parte, se ha convertido en una oportunidad para que los católicos profundicemos en nuestra propia formación y sepamos dar razón de nuestra fe y de la esperanza que hay en nosotros”, expresa con entusiasmo. 

Otro gran desafío es la indiferencia hacia Dios. “Vivimos en una cultura en la que muchos organizan su vida como si Dios no existiera, y eso no afecta solamente a Europa. Es, sin duda, un gran desafío para la evangelización. Sin embargo, creo que puede superarse, sobre todo a través del testimonio de vida. Una vida coherente, centrada en Dios y con la mirada puesta en las personas que tenemos cerca, es como una vela que se consume para iluminar y dar calor a los demás”, manifiesta este seminarista. 

Su experiencia entre españoles  

En cuanto a su experiencia en España, muchas cosas le han sorprendido. En primer lugar, toda la historia que nos habla a través de la arquitectura, de los grandes templos y de una cultura milenaria que sigue presente no solo en los edificios, sino también en la manera de vivir de muchas personas.

“Pasé la Semana Santa en Granada y tuve la oportunidad de ver cómo prácticamente toda la ciudad participaba en las procesiones: unos como costaleros, otros tocando en las bandas y otros simplemente acompañando o contemplando el paso de las cofradías. Lo que más me impresionó fue ver que toda la ciudad vivía la Semana Santa de un modo muy unido”, relata. 

Sin embargo, le dio la impresión de que no siempre existía una intención propiamente religiosa detrás de esa participación. Es decir, no todos participaban movidos por la fe. “Pero no lo veo como un problema, sino como un reflejo de una sociedad que, poco a poco, se ha ido alejando de Dios. En realidad, me parece una gran oportunidad para la evangelización, porque muestra que todavía existe una puerta abierta para sembrar el Evangelio en el corazón de muchas personas”. 

Contrastes entre Brasil y España 

También ha percibido contrastes entre Brasil y España: “Es uno de los grandes desafíos de nuestro país: la violencia urbana. En Río de Janeiro existe una fuerte presencia del narcotráfico y muchas personas viven con miedo y vulnerabilidad ante este contexto de violencia. Todo ello influye en la manera de vivir, de pensar y de tomar decisiones, pues muchas veces se tienen en cuenta posibles riesgos que condicionan la vida cotidiana”, relata. 

A pesar de que en España también sufrimos inseguridad, no es comparable con su país. “Un niño que crece en un ambiente como el que he encontrado en España, con una mayor sensación de seguridad, puede vivir muchas experiencias de una manera más tranquila. Frente a este problema, el papel de la Iglesia es fundamental, pues solamente el amor de Dios es capaz de transformar los corazones de manera profunda y verdadera”, manifiesta. 

El sacerdote que quiere llegar a ser: médico de almas 

Tras su formación en España, volverá a Brasil a recibir la ordenación sacerdotal. Y surgen preguntas inevitables: “¿Cómo anunciar a Cristo a las personas en nuestros días? ¿Qué tipo de sacerdote quiero llegar a ser?”. 

João Victor da algunas claves, equiparando la medicina con el sacerdocio: “Creo que el sacerdote, al igual que los médicos, necesita desarrollar muchas habilidades. No solo una buena formación teórica, sino también una gran sensibilidad en el trato humano, capacidad de observación, sentido pastoral y cercanía con las personas que Dios le ha confiado”. 

Pero por encima de todo, asegura que el sacerdote es un hombre de oración. “Las gracias que recibe, los frutos de su ministerio, la eficacia de su predicación y de toda su labor pastoral no provienen únicamente de su esfuerzo, sino de su correspondencia a la gracia de Dios. En definitiva, Dios es quien realiza la obra. Nosotros solo somos sus instrumentos”. 

Por eso, para llegar al corazón de las personas, ya sean los jóvenes o quienes están más alejados de Dios, es necesaria una vida de oración. “Hay que seguir el camino que Dios vaya indicando, escuchar y conocer la voz de sus ovejas, protegerlas con la propia vida y amarlas. En el fondo, no hay mucho que inventar: se trata simplemente de seguir los pasos de Cristo”, concluye este seminarista brasileño. 

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