
Midhun Dominic es un sacerdote de la India que residió en el seminario internacional Bidasoa, en Pamplona, durante su etapa de formación. Nació en el municipio de Nedumkandam, en el estado de Kerala, en el seno de una familia católica. Es el segundo de dos hijos; su hermana se llama Mintu Dominic.
Es uno de los muchos sacerdotes que pudieron completar su formación gracias a una ayuda promovida por la Fundación CARF, sostenida por la generosidad de sus benefactores a través de la campaña «Que ninguna vocación se pierda». Destaca con orgullo el valor que tiene la unidad familiar en su país, una realidad que, a su juicio, Europa podría redescubrir. Este es su testimonio.
«Pertenezco a la diócesis de Vijayapuram, en el estado de Kerala, India. Durante mi etapa de formación cursé estudios en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y residí en el seminario internacional Bidasoa. Al principio tuve algunas dificultades con el español, pero poco a poco fui adaptándome y guardo un recuerdo muy feliz de aquellos años. Doy muchas gracias a Dios por todo.
Me gustó mucho el seminario Bidasoa porque allí recibí una sólida formación integral. Aprecio especialmente la formación espiritual que se imparte, ya que esta dimensión es fundamental para la vida y el ministerio sacerdotal. La formación que recibí fue una auténtica fuente de inspiración para mí.
Desde pequeño sentí el deseo de ser sacerdote. Solía acudir con frecuencia a un monasterio de mi pueblo y participaba diariamente en la Santa Misa. A lo largo de mi vida he conocido a muchos sacerdotes amables y ejemplares que me ayudaron a descubrir y fortalecer mi vocación».
La voz de Dios sigue resonando
«Cuando tuve claro que Dios me llamaba al sacerdocio, compartí mi deseo con mis padres, Dominic y Regeena Dominic. Recibieron la noticia con una gran alegría. Aun así, decidí terminar mis estudios antes de ingresar en el seminario. Después fui acogido por la diócesis de Vijayapuram y, desde entonces, siempre he sentido el amor de Dios en cada etapa de mi formación.
El amor que Dios tiene por cada persona es inmenso, pero llama de manera particular a algunos para servir a su pueblo como pastores. Nos llama desde el primer instante de nuestra existencia, nos llama a la felicidad y también a una vocación concreta. En el mundo actual, la voz de Dios sigue resonando, aunque a veces queda apagada por el ruido que nos rodea. Por eso, muchas personas tienen dificultades para escucharla y reconocerla».
«Encontré muchos sacerdotes amables y ejemplares que me ayudaron a descubrir mi vocación».
Midhun Dominic nació en Nedumkandam, en el estado de Kerala, en el seno de una familia católica. Es el segundo de dos hijos y tiene una hermana llamada Mintu Dominic.

«La India cuenta con una larga tradición cristiana. Actualmente, el país alberga a millones de cristianos, de los cuales una parte significativa pertenece a la Iglesia católica. Muchas personas piensan que el cristianismo llegó recientemente a nuestro país, pero nuestras raíces se remontan a los primeros siglos de la Iglesia y están vinculadas a la figura del apóstol santo Tomás.
Según la tradición cristiana, santo Tomás llegó a la India para anunciar el Evangelio y predicó entre distintos grupos de la sociedad. La fe cristiana echó raíces en nuestras tierras mucho antes de la llegada de los europeos. De hecho, existían comunidades cristianas consolidadas siglos antes de la presencia de holandeses, portugueses o británicos.
La tradición también sostiene que el apóstol sufrió el martirio en la India, dejando un testimonio de fe que sigue vivo hasta nuestros días y que forma parte de la identidad de muchos cristianos indios».
Católico gracias a la fidelidad de sus antepasados
«La tradición cristiana sostiene que santo Tomás desarrolló su misión evangelizadora principalmente en las actuales regiones de Kerala y Tamil Nadu. No es casualidad que estas zonas concentren hoy algunas de las comunidades cristianas más antiguas y numerosas de la India. Además, conservamos una rica tradición litúrgica vinculada a los cristianos de santo Tomás, especialmente viva en Kerala.
Por eso, mi fe católica no nace de una conversión reciente, sino que forma parte de una herencia transmitida de generación en generación. Me considero católico gracias a la fidelidad de mis antepasados, que conservaron y transmitieron la fe a lo largo de los siglos.
La dimensión religiosa ocupa un lugar importante en la vida de muchas familias indias. En mi experiencia, la convivencia cotidiana entre personas de distintas religiones suele desarrollarse con respeto y normalidad. En la región de Kerala, donde nací y crecí, la presencia de la Iglesia católica está profundamente arraigada y forma parte de la historia y la cultura local».

El valor de la familia
«Entre los desafíos a los que se enfrenta la Iglesia católica en la India se encuentran la secularización creciente en algunos ambientes y la expansión de diversos grupos cristianos no católicos. También persisten prejuicios hacia la Iglesia y hacia la figura del sacerdote en determinados sectores de la sociedad.
Uno de los aspectos que más valoro de mi país es la importancia que sigue teniendo la familia. La unidad familiar continúa siendo un pilar fundamental para muchas personas y desempeña un papel decisivo en la transmisión de la fe, los valores y las tradiciones. Durante mi estancia en Europa he podido apreciar muchas cosas positivas, pero también he comprobado cómo las dificultades familiares afectan a numerosas personas. Creo que el compromiso con la familia es una riqueza que puede aportar algo valioso a cualquier sociedad.
También me siento orgulloso de la contribución de la Iglesia católica en la India a la Iglesia universal. Nuestro país ha dado grandes testimonios de santidad reconocidos por toda la Iglesia, entre ellos santa Teresa de Calcuta, santa Alfonsa, santa Mariam Thresia Chiramel y san Kuriakose Elías Chavara. Sus vidas siguen inspirando a millones de fieles en todo el mundo».
«Uno de los desafíos a los que se enfrenta la Iglesia católica en la India es la persistencia de prejuicios hacia la Iglesia y hacia los sacerdotes en algunos sectores de la sociedad».
La Iglesia católica en la India es una de las más antiguas de Asia y cuenta con una rica diversidad de tradiciones litúrgicas. Midhun Dominic destaca que muchos desconocen que el cristianismo está presente en el país desde los primeros siglos y que la tradición cristiana local vincula sus orígenes a la predicación del apóstol santo Tomás. Además, subraya la importancia que la familia sigue teniendo en la sociedad india y el papel que desempeña en la transmisión de la fe.
174 diócesis católicas
«La Iglesia católica en la India tiene una gran vitalidad y una fuerte dimensión misionera. Muchos sacerdotes indios desarrollan su ministerio en distintos países de Europa, América y África, colaborando con diócesis que necesitan vocaciones y atención pastoral. Esta presencia internacional refleja la generosidad y el compromiso evangelizador de la Iglesia en nuestro país.
Además, los católicos indios participan activamente en instituciones académicas y eclesiales de primer nivel. Sacerdotes, religiosos y religiosas desempeñan responsabilidades en universidades pontificias, organismos de la Santa Sede, representaciones diplomáticas de la Iglesia y otras tareas al servicio de la Iglesia universal.
Esta aportación demuestra que la Iglesia en la India no solo recibe, sino que también ofrece a la Iglesia universal sacerdotes, formadores, profesores y misioneros que contribuyen a la evangelización y al crecimiento de las comunidades católicas en todo el mundo».
Agradecimiento a los benefactores de CARF
«Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todos los benefactores de la Fundación CARF por su generosidad y cercanía. Gracias a sus oraciones y donativos, muchos sacerdotes y seminaristas de todo el mundo podemos recibir una formación integral que nos prepara para servir mejor a la Iglesia.
Mi estancia en el en Bidasoa y mi formación en la Universidad de Navarra me permitieron no solo crecer académica y espiritualmente, sino también descubrir de manera más profunda la universalidad de la Iglesia, compartiendo la vida con personas procedentes de distintos países y culturas.
Doy gracias a Dios por esta oportunidad, que considero un regalo inmerecido, y también a mi obispo por la confianza que depositó en mí al enviarme a completar mi formación. Rezo por todos los benefactores de la Fundación CARF y les encomiendo al Señor con gratitud».
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