
José Chang es un seminarista chino que reside en el Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). En estos meses de julio está en Madrid, realizando la pastoral de verano en la Parroquia San Manuel González en San Sebastián de los Reyes. «Veo una vida de fe muy viva», afirma. Ha tenido la «gran suerte» de ver al Papa León en Madrid: «Sentí mucha emoción, calma y paz en mi corazón» señala. Aunque el desarrollo de la Iglesia en China tiene muchas dificultades, si mira atrás, ve la presencia de Dios en cada momento. José nos cuenta su testimonio.
A sus 25 años, José Chang lleva consigo una historia que refleja la fortaleza silenciosa de miles de católicos chinos. Nacido el 10 de marzo de 2001 en un pequeño pueblo de la provincia de Shanxi, en el norte de China, pertenece a una familia profundamente católica que sembró en él las primeras semillas de la fe.
Hoy estudia Teología en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra y reside en el Seminario Internacional Bidasoa, donde continúa preparándose para convertirse en sacerdote de la archidiócesis de Taiyuan.
«Crecí en una familia católica muy devota», recuerda. Es el mayor de cuatro hermanos y desde niño encontró en su hogar y en su parroquia un ambiente que alimentó su vocación. Habla con especial cariño del sacerdote que le acompañó durante años: «Me cuidó y me enseñó la fe con mucho cariño». Aquella cercanía sacerdotal dejó una huella profunda en su vida y le ayudó a descubrir el camino al que Dios le llamaba.

Su formación comenzó en el Seminario Menor de Xi’an en 2019 y continuó en el Seminario Mayor de Pekín. Tras concluir los estudios de Filosofía y comenzar la Teología, recibió una propuesta inesperada de su obispo: continuar su formación en la Universidad de Navarra.
La noticia le llenó de ilusión, pero también de incertidumbre. «No sabía nada de español. Tenía miedo y muchas preocupaciones por el idioma, el entorno y la cultura totalmente nuevos», confiesa. Sin embargo, tras unos días de reflexión, decidió aceptar lo que considera una llamada de Dios.
Desde su llegada a España, la experiencia ha transformado profundamente su mirada sobre la Iglesia. En Navarra convive con seminaristas procedentes de numerosos países. Aunque cada uno habla una lengua diferente y procede de culturas distintas, todos comparten una misma fe. «Rezamos juntos y estudiamos juntos», explica. Esa convivencia le ha permitido descubrir de forma concreta la universalidad de la Iglesia católica y experimentar una fraternidad que supera fronteras, razas y culturas.
El camino de la Iglesia nunca ha sido fácil
La historia de la Iglesia en China ocupa un lugar especial en su corazón. Con serenidad, reconoce las dificultades que afrontan los católicos en su país, pero rechaza cualquier visión pesimista.
«Si miramos la historia de la Iglesia, nunca ha tenido un camino fácil. Cada época ha tenido sus propias dificultades. Desde los trescientos años de persecuciones al principio de la Iglesia hasta los cambios sociales de cada generación, la Iglesia católica ha crecido y echado raíces entre las pruebas». Conmueve su reflexión.
Por eso, piensa que, aunque el desarrollo de la Iglesia en China tiene muchas dificultades, «si miro atrás, veo la presencia de Dios en cada momento», convencido plenamente de que todas las situaciones forman parte del maravilloso plan de Dios.
Y comparte una frase de San Juan Pablo II: «En el primer milenio cristiano, la Cruz echó raíces en Europa; en el segundo milenio, el Evangelio llegó a América y África; en el tercer milenio, se cosecharán muchos frutos de fe en el amplio y vivo continente asiático».
También conserva las palabras de un obispo que le marcaron profundamente: «Precisamente por estas pequeñas persecuciones, los fieles tienen una fe más entusiasta».
En este tiempo en España, lo que más le ha impresionado ha sido «el fuerte ambiente de fe que se nota en cada rincón», expresiones que solo había visto antes en vídeos y fotografías. Iglesias monumentales, monasterios centenarios, capillas universitarias y una presencia visible del cristianismo que le ha dejado admirado.
«Me sorprende que incluso en la Universidad, cada edificio tiene una capilla. Lo primero que hacen los estudiantes al llegar a la universidad es saludar al Santísimo Sacramento. Esta vida de fe sencilla y diaria alimenta y fortalece constantemente mi fe. Cuento todo lo que veo a mi familia y amigos en China. Ellos siempre me dicen que tengo mucha suerte de vivir esta experiencia tan valiosa para mi fe», exclama.

Experiencia irreemplazable al ver al Papa en Madrid
Otro de los momentos más especiales de este año ha sido su encuentro con el Papa León durante su visita a Madrid. Gracias a la pastoral que realiza este verano en la parroquia de San Manuel González, pudo participar en la vigilia del sábado en la Plaza de Lima y en la misa solemne de Cibeles.
Nos describe el momento en que le vio al Santo Padre: «Antes de empezar la vigilia, el Papa pasó en su coche para saludar a los jóvenes. En el momento en que vi al Papa, sentí mucha emoción, calma y paz en mi corazón. Esta experiencia, en la que estuve cerca del Papa, tiene un significado único e irreemplazable para mi camino religioso».
En estos momentos de verano, realiza su pastoral en la Parroquia San Manuel González, en San Sebastián de los Reyes. Lejos de la imagen de una fe apagada, José asegura haber encontrado en España una Iglesia viva y una vida de fe.
En la parroquia donde colabora diariamente contempla cómo numerosos fieles participan en la Eucaristía, acuden al sacramento de la confesión y se implican activamente en la vida parroquial.
Le impresiona especialmente la presencia de los jóvenes. «En la misa de cada noche ¡hay muchísimos!», señala. Además, también le causa impresión que cada mes, el grupo de jóvenes organice una hora de adoración al Santísimo Sacramento para profundizar en esta devoción.

Al hablar del futuro, sus palabras están llenas de gratitud. Agradece a Dios la oportunidad de estudiar en España y a todas las personas que le ayudan en este camino. Esa generosidad, afirma, le impulsa a esforzarse más para servir mejor a la Iglesia cuando regrese a China.
Su historia es la de una vocación nacida en una familia sencilla, fortalecida en medio de las dificultades y abierta a la esperanza. Un testimonio que recuerda que, incluso allí donde la Iglesia afronta mayores desafíos, siguen surgiendo sacerdotes dispuestos a entregar su vida por el Evangelio. Porque, como repite José Chang con serenidad y confianza, Dios sigue guiando la historia de su Iglesia también en China.
Agradecimiento:
Agradecemos a El Debate haberse hecho eco de este testimonio de José Chang con su artículo: Un seminarista chino y sus «prácticas de verano» en Madrid: «Tuve la gran suerte de ver al Papa»: Los aspirantes al sacerdocio también hacen sus «prácticas de verano». Es el caso de José Chang, el joven de 25 años que se forma en Pamplona y que durante las vacaciones ayuda en la parroquia San Manuel González en San Sebastián de los Reyes y contribuir a difundir su historia.
Nos alegra que su vocación y su experiencia de fe puedan llegar a más personas a través de distintos medios de comunicación.
Marta Santín, periodista especializada en religión.
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