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25 de abril, san Marcos Evangelista: vida y evangelio

25/04/2026

San Marcos Evangelista, festividad 25 de abril.

La fiesta de san Marcos, cada 25 de abril, nos invita a redescubrir el Evangelio más antiguo de la Iglesia. En este artículo exploramos la vida del intérprete de san Pedro, la riqueza espiritual de su relato y la vigencia de su mandato misionero.

Cada 25 de abril, la Iglesia Católica se viste de fiesta para celebrar a san Marcos, uno de los cuatro evangelistas que, inspirados por el Espíritu Santo, plasmaron por escrito la vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

La figura de san Marcos es básica para comprender la esencia de nuestra fe. Su Evangelio, considerado según los estudiosos el más antiguo de los cuatro, es un relato vibrante, directo y lleno de acción que nos invita a descubrir la identidad de Jesús como Hijo de Dios.

En este artículo queremos acercarnos a la vida de este santo de la primera hora; explorar las características de su texto sagrado a la luz del Magisterio de la Iglesia y de las enseñanzas de san Josemaría. Reflexionaremos sobre cómo su figura impulsa hoy la formación de sacerdotes en todo el mundo.

¿Quién fue san Marcos?

Para conocer a san Marcos, debemos sumergirnos en los primeros compases de la historia de la Iglesia, tal como nos relatan los Hechos de los Apóstoles y algunas cartas del Nuevo Testamento. Conocido también como Juan Marcos, no formó parte del grupo de los doce Apóstoles, pero su vida estuvo ligada a las dos columnas de la Iglesia: san Pedro y san Pablo.

La tradición eclesial nos sitúa en Jerusalén. La madre de Marcos, María, era una mujer acomodada de la primera comunidad cristiana, y su casa servía como lugar de reunión para los primeros fieles. Es muy probable que en esa misma casa se celebrara la Última Cena y que fuera el lugar donde los discípulos se refugiaron con miedo tras la crucifixión. Y luego se reunían allí unidos a la espera de la llegada del Espíritu Santo en Pentecostés.

El compañero de viaje de Pablo y Bernabé

En los inicios de la expansión del cristianismo, san Marcos acompañó a su primo, san Bernabé, y a san Pablo en el primer viaje misionero a Chipre. Aunque Marcos decidió regresar a Jerusalén –episodio que causó cierta fricción y enfado de San Pablo–, la gracia de Dios logró el camino de la reconciliación. Y años más tarde, vemos a un Marcos maduro acompañando nuevamente a Pablo durante su cautiverio en Roma.

El "intérprete" de san Pedro

Pero el vínculo más profundo de san Marcos fue con el apóstol san Pedro. El primer Papa lo llama afectuosamente "mi hijo Marcos" en su primera carta (1 Pedro 5, 13). La tradición unánime de la Iglesia, recogida en los documentos de la Santa Sede y en los escritos de los Padres de la Iglesia como Papías de Hierápolis y san Ireneo, confirma que Marcos fue el intérprete de Pedro. Su Evangelio no es otra cosa que la puesta por escrito de la catequesis oral y la predicación de san Pedro a los cristianos de Roma.

Esta cercanía a la fuente original y primaria hace que leer a san Marcos sea, en esencia, escuchar la voz viva de san Pedro recordando los gestos, las miradas y los milagros de Jesús de Nazaret.

Cuáles son las características del Evangelio según san Marcos

El relato que nos regala san Marcos es el más breve de los cuatro Evangelios (consta de 16 capítulos), pero lo que le falta en longitud, le sobra en intensidad. Es un Evangelio escrito principalmente para los cristianos provenientes del paganismo, concretamente de Roma. Por ello, omite largas genealogías o explicaciones exhaustivas de las leyes judías, centrándose más en la acción.

Un relato vivo, directo y urgente

Una de las palabras que más se repite en el texto original griego es euthys, que significa "inmediatamente" o "enseguida". El Evangelio avanza con un ritmo trepidante. Jesucristo está en continuo movimiento: cura, predica, expulsa demonios, camina sobre las aguas y se dirige resueltamente hacia Jerusalén para consumar su sacrificio en la Cruz.

San Marcos quiere que el lector se haga una pregunta fundamental desde el primer versículo: "¿quién es este hombre?". A través de lo que los teólogos han llamado el secreto mesiánico, Jesús pide a menudo a quienes cura o a los propios demonios que no revelen su identidad. ¿Por qué? Porque Jesús no quiere ser confundido con un líder político o un mesías terrenal. Su verdadera identidad como Hijo de Dios solo se comprende plenamente a los pies de la Cruz. De hecho, es un centurión romano (un pagano) el primero en confesarlo tras su muerte: "verdaderamente este hombre era Hijo de Dios" (Mc 15, 39).

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La humanidad de Cristo

Otro aspecto conmovedor de la obra de san Marcos es cómo detalla la humanidad de Jesús. Nos describe a un Cristo que se compadece de la multitud (Mc 6, 34), que se indigna ante la dureza de corazón (Mc 3, 5), que abraza y bendice a los niños (Mc 10, 16), y que siente pavor y angustia en el huerto de Getsemaní (Mc 14, 33). Esta aproximación tan humana y tan divina es una fuente inagotable para la oración personal.

Enseñanza de san Josemaría: vivir el Evangelio

La sensibilidad que propone la Fundación CARF, inspirada en la formación sacerdotal y en las enseñanzas de san Josemaría Escrivá (fundador del Opus Dei), conocer y vivir la Palabra de Dios resulta vital.

San Josemaría recomendaba insistentemente la lectura y la meditación diaria del Santo Evangelio. En su obra, se nos invita no solo a leer las páginas sagradas como quien lee un libro de historia antigua, sino a vivirlas. Como enseñaba frecuentemente: «Yo te aconsejo que, en tu oración, intervengas en los pasajes del Evangelio, como un personaje más (Amigos de Dios, punto 253)».

Leer el Evangelio de san Marcos bajo esta luz cambia por completo nuestra perspectiva. Nos convertimos en uno más de la multitud que se aprieta contra Jesús junto al lago de Genesaret; somos el ciego Bartimeo que grita desde el borde del camino pidiendo compasión; o aquellos apóstoles que, en medio de la tormenta en el mar, despiertan al Maestro con mucho miedo y una fe vacilante. A través de los escritos de san Josemaría vemos cómo esta familiaridad con la vida de Cristo es un apoyo para entender y vivir la santidad en medio del mundo.

San Marcos, al recoger la catequesis de Pedro, nos entregó un manual práctico para encontrarnos con Jesucristo en nuestra vida cotidiana, en nuestras ocupaciones diarias, invitándonos a ser portadores de su mensaje en nuestras propias familias y lugares de trabajo.

Celebración del 25 de abril y la tradición

El 25 de abril, la liturgia de la Iglesia Universal nos convoca a celebrar la fiesta de san Marcos. Es un día de alegría que, además de rendir homenaje al evangelista, subraya la importancia de la transmisión de la fe. Los textos litúrgicos aprobados por la Santa Sede e impulsados por la Conferencia Episcopal Española para este día hacen hincapié en la responsabilidad apostólica que todos los bautizados compartimos.

En la Liturgia de las Horas, la Iglesia ora pidiendo a Dios que, así como concedió a san Marcos la gracia de predicar el Evangelio, nosotros también podamos aprovechar sus enseñanzas para seguir fielmente las huellas de Cristo. Es una día propicio para renovar nuestro amor por las Sagradas Escrituras. Como nos recordó el papa Francisco, llevar un pequeño Evangelio en el bolsillo y leer un fragmento cada día es una práctica espiritual altamente recomendable para dejarnos transformar por la mirada de Cristo.

El león alado: símbolo de san Marcos

Al hablar de este santo debemos mencionar su representación iconográfica: el león alado. Esta imagen, profundamente arraigada en la historia del arte cristiano e inspirada en las visiones del profeta Ezequiel y en el libro del Apocalipsis, tiene un significado teológico precioso.

La tradición cristiana, especialmente a partir de san Jerónimo (siglo IV), asignó el león a san Marcos, porque su Evangelio comienza con la figura de san Juan Bautista clamando en el desierto. «Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (Mc 1, 3). Los exégetas antiguos asociaron esa voz potente y solitaria en la estepa con el rugido del león, el rey de la selva y el desierto.

En el bestiario medieval y la exégesis patrística, se creía que los cachorros de león nacían muertos y su padre los despertaba a la vida al tercer día con su rugido. Esto se convirtió en un símbolo perfecto para el Evangelio de Marcos, que subraya con fuerza la majestad y la victoria de Cristo (el León de Judá) sobre la muerte con su Resurrección gloriosa.

Las alas que acompañan al león representan la naturaleza divina y la inspiración celestial de los escritos sagrados. Indican que el mensaje del evangelista no es puramente humano, sino que vuela desde lo alto, conectando la tierra con la divinidad.

Esta iconografía adorna miles de iglesias en todo el mundo, siendo la más famosa la basílica de san Marcos en Venecia, ciudad de la que es patrono indiscutible y donde reposan sus reliquias.

Objetivo de la Fundación CARF: llevar el Evangelio al mundo entero

La obra escrita por san Marcos concluye con el gran mandato misionero de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16, 15). Este versículo no es solo un cierre brillante para su libro; es el latido continuo del corazón de la Iglesia y es, de forma muy directa, una de las razones de ser de la Fundación CARF (Centro Académico Romano Fundación).

Para que el Evangelio escrito por san Marcos siga resonando con fuerza hoy, para que siga tocando los corazones en las grandes urbes descristianizadas y en las misiones más recónditas y países más abandonados y pobres, la Iglesia necesita sacerdotes santos, bien formados, sabios pastores con "olor a oveja". Necesita hombres que, como el propio Marcos hizo con san Pedro, se sienten a los pies de la sabiduría de la Iglesia para luego llevar esa verdad de una forma accesible y apasionada por todos los rincones del planeta.

En la Fundación CARF trabajamos incansablemente para apoyar la formación sólida e integral de seminaristas, sacerdotes diocesanos, y religiosos y religiosas, procedentes de todas partes del mundo, especialmente de aquellos lugares donde la Iglesia sufre persecución o carece de recursos. Al facilitarles estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, o en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona, estamos invirtiendo directamente en la expansión de la Palabra de Dios.

Un sacerdote bien formado en teología bíblica, que comprende las profundidades literarias, históricas y espirituales del Evangelio de san Marcos, es un sacerdote capaz de sostener la fe de miles de almas. Al igual que la madre de Marcos puso su casa a disposición de los Apóstoles, los benefactores de la Fundación CARF ponen sus recursos a disposición de los futuros pastores de la Iglesia diocesana.

La vigencia de un mensaje eterno

Al celebrar el 25 de abril, no solo recordamos a un santo del pasado. Celebramos que su obra, inspirada por el Espíritu Santo, sigue viva. El león de san Marcos sigue rugiendo. Sigue despertando conciencias, sigue consolando a los enfermos, sigue ofreciendo esperanza a los desesperados.

El reto que nos deja la festividad de este evangelista es doble. Por un lado, a nivel personal, estamos llamados a redescubrir su Evangelio. Te invitamos a que hoy a que tomes tu Biblia y leas, aunque sea, el primer capítulo de San Marcos. Haz el propósito de acompañar a Jesús, de dejarte interpelar por su autoridad y su amor compasivo.

Por otro lado, a nivel comunitario y eclesial, estamos llamados a apoyar la tarea evangelizadora. Nadie evangeliza solo. Al igual que Marcos necesitó a Bernabé, a Pablo y a Pedro, los sacerdotes de hoy te necesitan a ti.

Tu apoyo es el motor del Evangelio hoy

El mejor homenaje que podemos hacer a san Marcos en su festividad es asegurarnos de que la historia de Jesús que él escribió con tanta fidelidad nunca deje de ser contada. ¿Cómo puedes hacerlo posible? Apoyando la formación de aquellos que consagran su vida a predicar esta Palabra.

Desde la Fundación CARF, te animamos a que te unas a nuestra gran familia de socios, benefactores y amigos. Cada donativo, por pequeño que sea, se transforma en horas de estudio, en libros, en manutención para un seminarista o sacerdote que mañana celebrará la Eucaristía y leerá el Evangelio en su parroquia. Navega por nuestra página web y descubre cómo tu generosidad puede tener un impacto eterno en la formación de los pastores del mañana. Y sigue nuestras redes sociales en @fundacioncarf para conocer los rostros de aquellos a quienes estás ayudando a prepararse para «ir al mundo entero y proclamar el Evangelio».

Que san Marcos interceda por la Iglesia, por el Papa, por todos los sacerdotes y religiosos, y por todos los que formamos parte del carisma que promueve la Fundación CARF, para que el rugido de la fe nunca se apague en nuestros corazones.



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