
Hablar de dejar parte de un testamento y hacer un legado solidario a una fundación o entidad sin ánimo de lucro nunca resulta fácil. Nos enfrenta a decisiones profundas, trascendentes, que invitan a pensar en un futuro, cuando ya no estemos. Sin embargo, cada vez más personas generosas descubren que hacer un testamento solidario es una forma concreta de seguir haciendo el bien en este mundo, cuando la vida terrena haya terminado.

Eso es precisamente lo que vivieron Álvaro y Ana hace quince años. Ellos conocieron la Fundación CARF a través de una tía soltera que decidió hacer un testamento solidario a favor de Fundación. La noticia sorprendió a la familia. ¿Por qué su tía decidió incluir a la Fundación en su herencia? Movidos por el interés y la curiosidad, comenzaron a informarse.
Descubrieron que la Fundación CARF ayuda a la formación integral de seminaristas y sacerdotes diocesanos, y religiosos y religiosas, de todo el mundo, especialmente de los países con menos recursos. Comprendieron entonces que aquella decisión no había sido improvisada ni simbólica: era una manera concreta y eficaz de sostener la Iglesia en el futuro, más allá de la propia vida.
Esta experiencia les marcó a ambos. Hoy lo explican con claridad en este vídeo: «un legado o un testamento solidario es una manera serena y consciente de dar continuidad a todo el esfuerzo de una vida; de transformar el patrimonio en vocaciones; de convertir una herencia en un futuro mejor para la Iglesia de países necesitados. Es una oportunidad brillante de prepararte un hogar en el Cielo».
Sus palabras resumen el sentido profundo de esta decisión: el legado solidario no resta a la familia, suma al mundo.
G.P.M. y M.M. son un matrimonio que conocieron la Fundación CARF hace 25 años a través de sacerdotes amigos. «Lo que más nos impacta es la labor de captación de fondos, sus dificultades y perseverancia y los milagros que Dios realiza cuando hace falta dinero para completar ayudas al estudio para tantos seminaristas, sacerdotes y religiosos», afirman.
Y es que, para ellos, el mundo necesita sacerdotes bien formados. «Por eso, hemos decidido realizar un testamento solidario a favor de la Fundación CARF porque vemos la necesidad de sacerdotes en el mundo y para que no se pierda ninguna vocación por causas económicas», matizan.
Cuenta que el trámite para hacer este tipo de donación fue «muy sencillo, podíamos haber buscado un notario por nuestra cuenta, pero a través de la Fundación CARF, todo se hizo más fácil».
Por último, animan a otras personas a realizar un testamento solidario para «colaborar con esta labor tan buena, providencial y llena de fe de algunas personas, para bien de toda la humanidad. Cualquier otro legado diferente, nos hubiera parecido vano. Y, además, rezan por los benefactores vivos y difuntos todos los días, que buena falta nos hace».
De la misma opinión es J.M., ingeniero jubilado. Conoció la Fundación CARF más de cerca en 2014 con motivo de un viaje a Tierra Santa y «me interesé por su labor al impactarme el entusiasmo de sus colaboradores», manifiesta.
Explica que su testamento es a favor de la Fundación CARF por «el impacto a nivel mundial de las personas formadas en Pamplona y en Roma. Además, tengo amigos que colaboran económicamente para ayudar a personas pobres con vocación al sacerdocio para mejorar su formación y su estudio, pues necesitan ayuda económica. Otras personas más generosas incluso donan viviendas a la fundación CARF”, señala.
J.M. anima a que más personas realicen un testamento solidario o una aportación económica a favor de la Fundación CARF ya que su contribución «ayuda a que vocaciones al sacerdocio puedan estudiar en Europa y luego regresara a sus países y devolver esa formación recibida».

Hacer un testamento solidario es un trámite sencillo, accesible y económico que permite decidir cómo se repartirán los bienes. Cualquier persona puede incluir a una entidad sin ánimo de lucro como heredera o legataria, destinando una parte concreta de su patrimonio a una causa que considere valiosa.
En el caso de la Fundación CARF, ese legado mantiene vivo el esfuerzo por lograr un mundo mejor para cristianos y no creyentes, pues el sacerdote no hace acepción de personas o credos, cuando se trata de ayudar a otro ser humano y en cualquier parte del mundo. Muchos de estos seminaristas y sacerdotes proceden de diócesis de África, Asia o América Latina que no cuentan con recursos suficientes para sus estudios. Pero la vida de cada cristiano sostiene y edifica a la iglesia.
Un legado puede adoptar distintas formas: una cantidad concreta de dinero, un porcentaje de la herencia, un inmueble, valores o fondos o bienes muebles. Es una decisión libre y flexible, que puede modificarse en cualquier momento mientras la persona viva. Además, las entidades como la Fundación CARF están exentas del impuesto de sucesiones, lo que significa que el 100 % de lo legado se destina íntegramente a la finalidad elegida.

Álvaro y Ana lo expresan con emoción: «pensar que puedes ayudar a que se formen sacerdotes que llevarán la fe y los sacramentos a tantos lugares… merece la pena». Muchas personas generosas descubren que esta decisión no compite con el amor a los hijos o familiares. Al contrario, lo complementa.
Cada vocación acompañada, cada sacerdote bien formado, repercute durante décadas en decenas de miles de personas: comunidades rurales, parroquias en barrios humildes, misiones en territorios aislados… Incluir a la Fundación CARF en el testamento solidario es apostar por esa cadena silenciosa de favores y de bien. Es confiar en que el trabajo de toda una vida –ahorros, patrimonio, esfuerzo– puede seguir dando fruto en forma de sacramentos, acompañamiento espiritual, educación en la fe y esperanza para comunidades enteras.

Hoy, Álvaro y Ana invitan a otros a reflexionar con serenidad. «No se trata de grandes fortunas, sino de grandes decisiones. De preguntarse: ¿qué quiero que permanezca cuando ya no esté? ¿Qué huella deseo dejar?». Por ello, La Fundación CARF ofrece información personalizada y confidencial para quienes deseen conocer con más detalle cómo funciona esta modalidad de donación y ayuda, resolver dudas jurídicas o recibir orientación práctica.
Transformar una herencia en esperanza está al alcance de cualquiera. Y como recuerdan Ana y Álvaro, «merece la pena».